La inspiración de las Sagradas Escrituras

Por Fray Pablo Iribarren Pascal

Buenas Noches.

Con la confianza con que, domingo a domingo, me dirijo a ustedes a partir de un hecho de vida, suceso, tema, comentario, reflexión… Pongo de su conocimiento, que llevo un par de meses, retomando, con ciertas medidas de prevención, y cuidados para no contagiar ni contagiarme, dada mi vulnerabilidad por los años, los servicios propios de mi condición y estado de vida: consultas de orientación personal, familiar o social en la oficina; celebraciones sacramentales en el templo: la Eucaristía, la predicación, el Santo Rosario, la confesión; lecciones en el seminario; bendición de locales, hoteles, casas, visita a enfermos, etc.

Este martes pasado, di paso a un servicio, que interrumpí por la pandemia, y que llevo a cabo con un grupo de personas, bajo el nombre, “Lecciones Bíblicas”, como el programa que iniciamos en Radio Tepeyac, hace unos diez o más años, y que se ha mantenido hasta el día de hoy, de lunes a viernes, a las doce horas.
Les escribo hoy de este servicio, “Lecciones Bíblicas”, que consistente en lectura, orientación y comentarios de alguno de los libros de la Sagrada Escritura o Biblia, dado que, en la primera lección, evocamos la última lección del mes de marzo, que versó sobre los Canticos del Servidor de Yahvé del profeta Isaías. Alguien de los presentes preguntó: ¿Cómo pudo Isaías decir, escribir y anunciar cosas tan profundas, misteriosas, desconocidas, tan precisas sobre el Siervo de Yahvé ochos siglos antes de que sucedieran?
Espontáneamente respondí: Isaías fue un hombre elegido de Dios (Is 6,1-8) a quien el Espíritu Divino inspiró e impulsó a decir, escribir y anunciar tales cosas. No habían pasado tres segundos, cuando mi interlocutor, me dijo: ¿Qué significa “inspiración”? Entendí, que era un lector nuevo en el grupo y me esforcé por explicarle el sentido bíblico de la palabra del siguiente modo:

“Inspiración es una fuerza interior, del orden espiritual-sobrenatural, un soplo que procede del Espíritu de Dios que impulsa al profeta o escritor sagrado, a escribir y decir cosas sabias, honestas, verdaderas, desconocidas, sucesos futuros, que Dios le inspira para el bien de la humanidad”.

La inspiración es un acto estrictamente divino. El escritor puede ser consciente de esta inspiración, asistencia o impulso del Espíritu, como es el caso de Isaías, o inconsciente, como el caso de otros escritores de la Biblia.

Dice textualmente el Concilio Vaticano II:

“La revelación que la Sagrada Escritura contiene y ofrece ha sido puesta por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo. La santa madre Iglesia, fiel a la fe de los Apóstoles, reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con todas sus partes, son sagrados y canónicos, pues por haber sido escritos por inspiración del Espíritu Santo, (Jn 20,31; 2Pe 1,19-2!; 3,15-16), tienen a Dios como autor, y como tales han sido confiados a la Iglesia” (DV 11)

comunidad de los creyentes en Jesucristo.

Basado en esta inspiración-revelación, decimos, que el autor de la Biblia es Dios; la Biblia es un producto divino, sagrado y, al mismo tiempo, afirmamos también, que el autor de la Biblia, es una persona humana inspirada, que escribe o habla consciente y libremente según sus cualidades, cultura y conocimientos, de tal modo, que deja su huella, su estilo literario, su impronta personal en el escrito sagrado.

“Toda Escritura es inspirada por Dios, escribe Pablo el Apóstol, y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en Justicia. La Escritura hace perfecto al hombre de Dios, preparándolo para toda obra buena” (2Tim 3,16-17).

Toda la Sagrada Escritura o Biblia es palabra de Dios revelada, dado que tiene el respaldo de Espíritu Santo.
Toda revelación, en el sentido bíblico de la palabra, es producto directo de la inspiración. Dios pone su Espíritu en el hombre para instruirlo en las verdades que ignora, para comunicarle la verdad. No puede haber ninguna confusión entre revelación e inspiración; la inspiración es el medio, escribe cierto autor, en tanto que la revelación es el objeto, el contenido. La revelación implica, presupone la inspiración.

Deseo que, con la gracia de Espíritu, mediten y lleguen a comprender esta Lección Bíblica que trato de transmitir. Pronto iniciaré también, “Lecciones Bíblicas”, en mi casa, la casa de ustedes.

Fray Pablo, OP

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