Nuestra espiritualidad

  • 21 mayo, 2019

Nuestra espiritualidad

La Orden de Predicadores, fundada por santo Domingo de Guzmán en 1216, ha tenido desde sus inicios la misión de la predicación de la palabra de Dios para la salvación de las almas. Sin embargo, esta predicación se nutre desde la espiritualidad consolidada y heredada de nuestro fundador, la cual consiste principalmente en vida de oración, estudio y fraternidad, y predicación en una constante observancia regular según la regla de san Agustín y nuestras constituciones:

Y puesto que nos hacemos partícipes de la misión de los Apóstoles, imitamos también su vida según el modo ideado por Santo Domingo, manteniéndonos unánimes en la vida común, fieles a la profesión de los consejos evangélicos, fervorosos en la celebración de la liturgia, principalmente de la Eucaristía y del oficio divino, y en la oración. Asiduos en el estudio, perseverantes en la observancia regular. Todas estas cosas no sólo contribuyen a la gloria de Dios y a nuestra propia santificación, sino que sirven también directamente a la salvación de los hombres, puesto que conjuntamente preparan e impulsan la predicación, la informan y, a su vez, son informadas por ella. Estos elementos, sólidamente trabados entre sí, equilibrados armoniosamente y fecundándose los unos a los otros, constituyen en su síntesis la vida propia de la Orden: una vida apostólica en sentido pleno, en la cual la predicación y la enseñanza deben emanar de la abundancia de la contemplación (LCO 1 §IV).

Así, la vida del fraile predicador es como un gran árbol que, teniendo como raíces la oración, el estudio, la vida comunitaria y la observancia regular, crece a lo alto y ancho para dar frutos de predicación, frutos de vida eterna.