Estudio

  • 21 mayo, 2019

Estudio

La Orden de Predicadores, desde sus inicios, se ha caracterizado por dar a la Iglesia grandes pensadores que con su vida ponen en gran estima la actividad intelectual, es decir, el estudio. Desde santo Domingo hasta nuestros días tenemos ejemplos eximios que dan testimonio de la Resurrección mediante el estudio para la salvación de las almas, tal es el caso de san Alberto Magno o santo Tomás de Aquino.

El estudio en nuestra vida es esencial, ya que es parte del modo de ser del fraile predicador. No podemos prescindir de tal actividad, ya que es la que nos permite encontrarnos mediante nuestro entendimiento con el Todopoderoso, y desde los limites de nuestra inteligencia ahondamos en los misterios de Dios mediante la contemplación para después poder predicar aquello que hemos contemplado.

Nuestras constituciones dicen:

“Santo Domingo, como una innovación significativa, insertó profundamente en el ideal de su Orden el estudio dirigido al ministerio de la salvación. Él mismo, que llevaba siempre consigo el Evangelio de san Mateo y las Epístolas de san Pablo, encaminó a sus frailes hacia las escuelas y los envió a las ciudades mayores para que estudiaran, predicaran y fundaran conventos” (LCO cap. III art. I n. 76).

Así podemos ver que el estudio es parte de la misión encomendada por nuestro padre Domingo, misión que ha de ser encarnada en nuestras vidas y que junto con la vida comunitaria y vida de oración llevan de manera conjunta a la predicación dominicana.

No vemos el estudio como fin en sí mismo, tampoco se trata de estudiar cualquier cosa solo por estudiar, ya que podríamos caer en la vanidad intelectual que lleva únicamente a la esterilidad de la predicación. Podemos encontrarnos con muchos hombres que sean asiduos al estudio, pero eso no hace necesariamente que sean buenos predicadores o, incluso, que tengan la intensión de predicar. No es el estudio por el estudio mismo; tampoco el estudio de lo que esté de moda o basado sólo en gustos personales. Nuestro estudio está orientado a la salvación de las almas.

Cuando un fraile predica lo hace desde lo que ha contemplado en su oración, vida fraterna y estudio. Así, el estudio que llevamos a cabo ha de ser orientado a dar respuesta desde la fe y la razón a los cuestionamientos que el mundo actual se hace, y la misión del dominico es dar una respuesta docta a las interrogantes planteadas. El siglo XXI tiene sed de la verdad. El hombre actual está en un constante movimiento hacia el saber y la verdad y, aunque ya son muchas las “verdades” que se pregonan por medio de los medios de comunicación, hemos de asumir el reto que conlleva convivir con todas estas propuestas manteniéndonos firmes en la Verdad de Jesucristo, pues sabemos y creemos que él es el Camino, la Verdad y la Vida, y que solo él tiene Palabras de vida eterna.

Por estas y muchas otras razones el estudio no se nos presenta como una opción más en nuestra vida, sino como una actividad que nos configura como dominicos que entran constantemente en diálogo con el exterior de los conventos y el interior de las personas. Y así, poder llevar a todos los que se acerquen a nosotros a la verdad de Jesucristo por medio de la fe y la razón, teniendo como fundamento la Revelación en las Sagradas Escrituras, en la Tradición y el Magisterio, así como lo que las ciencias actuales nos dicen y lo que podemos reflexionar mediante la Filosofía.