Predicación

  • 21 mayo, 2019

Predicación

“Así pues, la Orden de Predicadores, fundada por santo Domingo, se sabe que fue especialmente instituida desde el principio para la predicación y la salvación de las almas” (LCO I, §II). Como dicta el mismo nombre de la Orden, es de predicadores, nuestro apostolado es principalmente la predicación.

La intención de santo Domingo de Guzmán al fundar la Orden fue que existiera para la predicación. El sueño de Domingo fue fundado en un viaje que realizó a las Marcas acompañando al obispo Diego de Osma. Cuando iban cruzando por el mediodía francés, Domingo se percata de lo que la herejía estaba haciendo en las vidas de los cristianos que, aunque su deseo era vivir una vida cristiana, las prácticas que se tenían y la doctrina que se predicaba era errada. Los albigenses, valdenses, cátaros, los cuales eran los principales grupos herejes que azotaban el sur de Francia tenían conquistadas muchas almas. Al ver la necesidad de la sana doctrina de la Iglesia universal, santo Domingo comienza a pensar en la solución a este problema, el cual no era de poca importancia pues, ¡se trataba de la salvación de las almas! Urgía la sana predicación, había necesidad del verdadero Evangelio de nuestro Señor Jesucristo y santo Domingo, dócil al Espíritu de Dios comienza la labor de la fundación de una Orden que se dedicara a la predicación, ya que la acción profética en aquel tiempo estaba reservada únicamente a los obispos, muchos de los cuales se mantenían en silencio, cual perros sin ladrido.

Ciertamente, el contexto en el que se desenvolvió la fundación de la Orden es muy distinto al contexto en el que vivimos en nuestro siglo XXI, sin embargo, la necesidad de hombres que entreguen su vida para la predicación del Evangelio sigue siendo de gran magnitud.

Aunque estos grupos herejes ya no existen como tal, nos encontramos en un mundo envuelto en diversos discursos que no dan al hombre lo que nuestro Dios nos ofrece. Encontramos propuestas que atentan contra la dignidad del ser humano haciendo de éste un medio para la obtención de fines que no son la persona misma. Nos encontramos con políticas muchas veces esclavizantes que privan a los hombres de su libertad. Incluso, dentro del mismo cristianismo nos encontramos discursos que son lejanos a la Verdad revelada. Estas y muchas otras razones tenemos el día de hoy para levantar nuestra voz y anunciar a Cristo resucitado.

Podemos preguntarnos: ¿Hay necesidad de una Orden de Predicadores siendo que ya es común que el clero secular predica por delegación de los obispos a diferencia de lo que sucedía en la Edad Media? Sí, la hay. Aunque la acción profética esté compartida ya no solamente a los ministros ordenados, sino también es un deber de todos los bautizados, la importancia que tiene la Orden de Predicadores en la vida de la Iglesia reside en que su deber es recordarle a la Iglesia la importancia de la predicación. No podemos vivir como cristianos si hacemos a un lado la predicación del Evangelio y la Orden está presente proponiendo constantemente el anuncio que emana de la abundancia de la contemplación.

Los dominicos contemplamos en la vida fraterna, en la oración y el estudio. Estos tres pilares nos preparan para el anuncio de Jesús resucitado. Compartimos la experiencia de la Resurrección en nuestras vidas. Compartimos la Buena Nueva de Jesucristo muerto y resucitado. En él se fundamenta nuestro anuncio, pues el Resucitado nos ha llamado a la vida fraterna, el Resucitado nos llama para estar íntimamente unidos a él y mediante la Revelación que ha hecho a su pueblo redimido nos permite penetrar mediante el estudio en la inmensidad de sus misterios para que, habiendo tenido la experiencia cristo-céntrica de la vida en nuestros claustros podamos salir a anunciar la Buena Noticia a toda la creación.