Las olimpiadas, fiesta mundial de amistad

Por Fray Pablo Iribarren Pascal, OP

Buenas Noches.

Paseaba anteanoche en la pequeña terraza de casa, meditando el Santo Rosario, en torno a las diez de la noche, cuando tomé conciencia de la luna llena sobre mí, que seguía mis pasos; no sentí que fuera una distracción. De pronto, se dibujó en mi mente la luna-tierra –bello y original detalle-creada en lo alto el cielo por la luz de 1824 drones, en la inauguración de la Olimpiada 2020, girando sobre la humanidad, y los aros olímpicos que representan a los cinco continentes en competencia deportiva. Elevé mi canto al Creador en acción de gracias por el pueblo japonés y la fiesta mundial de amistad de la Olimpiada, inaugurada este 23 de julio de 2021.

Otro detalle, que resalta la calidad humana del pueblo japonés, brilla en la persona elegida para el momento culminante de la inauguración de los juegos: el encendido del pebetero olímpico, a cargo de Naomi Oxaka, tenista de 23 años, ganadora de cuatro torneos de tenis Grand Slams, quien saludó a los atletas y al mundo, diciendo: “Estoy feliz de darles la bienvenida”. Naomi, joven atleta de madre japonesa y padre haitiano, signo de interculturalidad por su sangre, tez y cultura, pues encierra en su persona la presencia de los cinco continentes.
Fue en Grecia a partir del año 776 antes de Cristo, cuando se iniciaron los Juegos Olímpicos con atletas representando a diversas ciudades – cada cuatro años- y en ellos competían los hombres libres, que hablaban griego; se celebraban en la ciudad de Olimpo. Se dice, que en el siglo IV a. d. C. participó en ellas el joven Alejandro Magno en carrera de carros o aurigas. En el siglo IV d. C., por orden del emperador romano, Teodosio, se suspendieron. Durante los mismos quedaban suspendidas todas las actividades oficiales y guerras, eran considerados como un signo del espíritu de hermandad y paz, que iba más allá de la ciudad, del estado o nación.
No fue labor fácil la restauración de los Juegos Olímpicos Modernos. Fue la constancia del Barón Pierre Coubertin, francés, nacido el 1 de enero de 1863, historiador y pedagogo. Consideraba que la práctica del deporte mejora la calidad del ser humano, de la persona y podía contribuir a la paz mundial. Creó varios grupos atléticos para la formación de niños, adolescentes y jóvenes. Recibió el apoyo del gobierno francés, no así Inglaterra y Alemania y de la misma Gracia, que se opuso por considerar que a ella le correspondía este proyecto. Sin embargo, Pierre, encontró apoyo en la iniciativa privada (la familia Zappas, contribuyó con los gastos) y la sociedad civil y se llevaron a cabo los primeros Juegos Olímpicos en el año 1896, en Atenas, Gracia.
Pierre, propuso como lema de los Juegos Olímpicos: Citius, Altius, Fortius, cuyo significado es: más rápido, más alto, más fuerte. Su objetivo es

“crear un equilibrio armónico entre el cuerpo, la mente y el espíritu; traducido a virtudes o valores: se busca la excelencia en el juego y el trabajo, “dar lo mejor de sí mismo”

expresión del Papa Francisco; la amistad, el deporte como lazo de entendimiento y paz entre individuos y pueblos y el respeto hacia sí mismo, a las normas y al medio ambiente, a más de la constancia, disciplina, alegría, espíritu de equipo y solidaridad; lejos del atletismo todo comportamiento no ético.
El Barón de Coubertín encontró, dice la historia, en Fray Enrique Didon, dominico francés, director del Colegio San Alberto Magno, “un imprescindible colaborador en el desarrollo de la Olimpiada”. Fray Didon había introducido en el plan educativo del Colegio el deporte y, en la primera jornada deportiva del mismo, invitó a Coubertín a que la dirigiera, Jornada que se celebró bajo el lema ya dicho: Citius, Altius, Fortius. Al Barón de Coubertín le agradó el lema y lo tomó para los Juegos Olímpicos de Atenas 1896, llevando consigo a fray Didón a quien, el gobierno griego, honró.
El deporte, recomendable para todas las edades, practicado con pasión y sentido ético, especialmente en la juventud, escribe el Papa Francisco, se convierte en gimnasio de sana competición y perfeccionamiento físico, escuela de formación de valores humanos y espirituales, medio privilegiado de crecimiento personal y de contacto con la sociedad.

Es ocasión de alegría enterarnos de la primera medalla de bronce, que la dupla mexicana mixta, Alejandra Valencia y Luis Álvarez, logró en los actuales Juegos Olímpico del Japón. Felicidades.

Fray Pablo, OP

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