Los Dominicos en México
Nuestra identidad y misión en México se fundamentan en el carisma original que Santo Domingo de Guzmán instituyó para la Orden de Predicadores: una vida dedicada a la predicación para la salvación de las almas. Este ministerio no es solo una actividad, sino la razón de ser de nuestra Orden y el fin que da sentido a nuestra existencia.
El estilo de vida dominicano, la vita vere apostolica, se articula en cuatro pilares fundamentales que se entrelazan y se fortalecen mutuamente:
Vida Comunitaria: Siguiendo el ejemplo de los Apóstoles, nos mantenemos unánimes en la vida común, compartiendo fraternalmente lo que somos y tenemos, fieles a los consejos evangélicos.
Oración Litúrgica: Somos fervientes en la celebración de la Liturgia, especialmente la Eucaristía y la Liturgia de las Horas, fuente y cumbre de nuestra misión.
Estudio Asiduo: Nos consagramos al estudio de la Verdad, creyendo que la fe y la razón se complementan. El estudio profundo y constante nos permite anunciar el Evangelio con solidez y relevancia.
Predicación o Apostolado: Es la culminación de nuestro carisma. Todo lo que somos y hacemos está ordenado a la misión de predicar la Palabra de Dios al mundo.
Esta identidad se vive y se expande en la riqueza de la Familia Dominicana, que integra en una misma misión a monjas de clausura, frailes, hermanas de vida activa y laicos comprometidos.
Llegamos a la entonces Nueva España en 1526, convirtiéndonos en uno de los pilares de la evangelización. Nuestra misión inicial estuvo marcada por un profundo debate interno sobre el mejor modo de predicar:
La Corriente Monacal o de Observancia, liderada por Fray Domingo de Betanzos, priorizaba la vida contemplativa en el convento, enfocándose en la oración y el estudio.
La Corriente Apostólica o Misionera, con figuras como Fray Bartolomé de las Casas, abogaba por una presencia activa entre la población, defendiendo los derechos de los pueblos originarios y promoviendo su evangelización.
Esta tensión creativa moldeó nuestra expansión. Mientras la Provincia de Santiago de México (1532-1535) se consolidaba en el centro del virreinato, muchos frailes, buscando nuevos campos de misión, se dirigieron al sur. Su labor en las regiones Mixteca y Zapoteca fue tan fecunda que llevó a la creación de la Provincia de San Hipólito Mártir de Oaxaca en 1592.
Con el tiempo, nuestra labor se diversificó hacia el apostolado urbano, la fundación de cofradías (siendo la del Rosario una de las más emblemáticas), la enseñanza en la Universidad de México y la expansión hacia las fronteras del norte. Nos consagramos al estudio, la promoción de la devoción y la defensa de la dignidad humana, dejando una huella imborrable en la espiritualidad y la cultura de México.