Cinco Siglos de Presencia en México
La historia de los Dominicos en México es una saga de fe, convicción y resiliencia que comenzó en el siglo XVI y perdura con vigor en el siglo XXI. Desde su llegada, nuestra Orden ha sido un actor fundamental en la evangelización, la cultura y la defensa de la dignidad humana en este territorio.
La primera misión dominicana arribó a la Nueva España en 1526, de la mano de Fray Tomás Ortiz. Después de vivir inicialmente con los franciscanos, se establecieron de manera permanente en la Ciudad de México en 1527. Poco después, entre 1532 y 1535, se erigió canónicamente la Provincia de Santiago de México, la primera provincia dominicana en el continente, que extendió su labor evangelizadora principalmente por las regiones de Morelos, Oaxaca y Chiapas.
Estos inicios estuvieron marcados por un debate fundacional sobre la mejor forma de vivir nuestro carisma:
La visión de Fray Domingo de Betanzos, fundador de la orden en Nueva España, priorizaba una vida de estricta observancia monacal, centrada en la oración y el estudio dentro del convento.
La visión de Fray Vicente de Santa María impulsaba una evangelización activa, que llevó a los frailes a adentrarse en regiones como Oaxaca para vivir y predicar entre la población.
Esta tensión creativa entre la contemplación y la acción misionera definiría nuestra identidad y expansión.
La vitalidad de la Provincia de Santiago de México fue tal que dio origen a nuevas provincias, fruto de las distancias, las necesidades pastorales y el desarrollo de identidades regionales:
Hacia 1551, la región de Chiapas y Guatemala se segregó para formar su propia provincia.
En 1592, se creó la Provincia de San Hipólito Mártir de Oaxaca, donde los dominicos se dedicaron intensamente a la evangelización de los pueblos mixtecos y zapotecos.
En 1661, surgió la Provincia de San Miguel y los Santos Ángeles de Puebla, impulsada por el crecimiento y la iniciativa de los frailes criollos.
Durante este periodo virreinal, nuestra labor se diversificó en la predicación, la fundación de conventos y colegios, el estudio riguroso y la defensa de los derechos de los pueblos originarios.
El siglo XVIII marcó el inicio de un periodo de transformaciones y declive. A pesar de contar con figuras ilustres como Fray Servando Teresa de Mier, precursor de la Independencia, y Fray Antonio Alcalde, notable obispo y benefactor social, las circunstancias políticas llevaron a un punto crítico.
Con la aplicación de las Leyes de Reforma en 1859, se decretó la exclaustración de los religiosos. Nuestro convento madre de Santo Domingo en la Ciudad de México fue cerrado en 1861, y la Provincia de Santiago dejó de existir formalmente.
Sin embargo, la semilla dominicana no se extinguió. A finales del siglo XIX, con el apoyo de dominicos españoles, se inició un lento pero firme proceso de reconstrucción. Este camino culminó en 1961, con la restauración formal de la Provincia de Santiago de México, marcando el inicio de una nueva etapa de vida y misión.
Hoy, la Provincia de Santiago de México continúa viva y activa, fiel a su carisma de predicar para la salvación de las almas. Adaptándonos a los nuevos tiempos, hemos abrazado nuevos proyectos como:
Nuestra historia, con sus luces y sombras, es testimonio de una fe inquebrantable y un compromiso perdurable con el pueblo de México.