Jonás, el profeta «rebelde»

Por Fray Pablo Iribarren Pascal, OP

Buenas Noches.

Jonás es enviado por Yahvé-Dios a proclamar la conversión a Nínive, “la ciudad grande”. Ante el envío divino, Jonás “se levantó para huir a Tarsis, lejos de la presencia de Yahvé; descendió a Joppe, donde encontró un barco que salía para Tarsis. Pagó su pasaje y se embarcó para irse a Tarsis, lejos del rostro de Yahvé” (Jonás 1,2-3). Es decir, Jonás, enviado por Yahvé a anunciar su Palabra de Vida a Nínive, al oriente, se fue al puerto, compró su boleto a Tarsis, tomó rumbo al poniente. Hay razón para presentarlo a ustedes, mis lectores, como “el profeta rebelde”.

Nínive, “la ciudad grande, se necesitaba tres días para atravesarla”. Existió desde hace unos seis mil años, a orillas de río Tigris, en cuyas márgenes, Yahveh-Dios sembró el Paraíso (Ge 2,14). Los restos de aquella gran ciudad asiria, rica y poderosa, en la que concurrían tres rutas comerciales, se halla en la actual Musul, Irak. Quedan restos arqueológicos abundantes de ella, de su historia, del pueblo y gobernantes: Sargón II, la famosa biblioteca de Asurbanipal con 22 mil volúmenes (tablillas de lodo escritas y quemadas; así eran algunos de los libros de la antigüedad). Se atribuye la fundación de Nínive a uno de los biznietos de Noé, llamado Nemrod, “poderoso cazador delante de Yahveh (Gn 10,8-10). En estos últimos años, dada la ocupación de Musul y su territorio por el llamado Estado Islámico (ISIS), sus joyas arquitectónicas, esculturas y otros restos de su grandeza, quedaron muy dañados.
El libro de Jonás es fruto, según ciertos exégetas, de la actitud universalista de su autor, quizá un profeta desconocido. Dicho autor rechaza el individualismo nacionalista hebreo de la época, que tenía a Yahveh, su Dios, como un Dios exclusivo de la raza y pueblo judío, exigencia por la que se obligaba a personas de otras culturas que deseaban aceptar y venerar a Yahveh Salvador, debían aceptar toda la legislación mosaica, comenzando por la circuncisión. Sin duda, el autor de este libro, inconforme con esa exigencia, creó el personaje Jonás como expresión literaria de ese nacionalismo radical.
Escribe cierto comentarista, que la figura de Jonás es “una narración preciosa que crítica, no tanto las idolatrías u otras actitudes o hechos negativos, sino a los judíos piadosos, que encerrados en su nacionalismo, olvidan fácilmente que Dios es el Dios de todos los hombres” y mujeres de los diversos pueblos. Lejos de mí, y de ustedes también, condenar a creyentes de otras religiones distintas a la que yo profeso desde mi infancia. En lo profundo de mi ser, considero que las antiguas religiones profesan la fe en el mismo Dios.
Jonás, el personaje, a quien Yahveh-Dios envía a Nínive y desobedece tomando otro rumbo, deseaba un castigo divino, la destrucción de la ciudad y sus habitantes, y no que se salvara de los peligros de destrucción y de muerte; que recapacitara, se arrepintiera del mal camino. Sin embargo, los ninivitas escuchan la palabra de Dios, obedecen la voluntad divina; Nínive se convirtió a Yahveh-Dios. Dice el texto; “los ninivitas creyeron en la advertencia y ordenaron un ayuno y se vistieron de saco, desde el mayor al menor” y “cambiaron de su mala conducta y de sus malas obras” (Jonás 3,6-10), Yahveh- Dios perdonó.
Y Jonás no quedó conforme con el perdón que Yahveh-Dios dio los habitantes de Nínive, a hombres y animales; él quería castigo para ellos, la ley del talión: “ojo por ojo, diente por diente”, para Jonás no había salida y menos el perdón y el olvido, al cual es muy propenso Yahveh-Dios: no desea la muerte del pecador, sino, que se arrepienta y viva (cf. Ez 33,11).

Es sumamente bello el diálogo con que concluye el libro del profeta Jonás en el que se reafirma la actitud de misericordia y perdón de Yahveh y la actitud y deseo de castigo, no digo de justicia, sino de venganza de Jonás. Ante ese modo mezquino de Jonás, brilla Yahveh-Dios con misericordia. Dice así el texto: “¿Cómo yo, Yahveh, no voy a tener lástima de Nínive, la gran ciudad donde hay más de veinte mil personas que no saben distinguir el bien y el mal y gran cantidad de animales?” (Jonás 4,11).

¿Dónde me ubico yo?

Fray Pablo, OP

    Leave Your Comment Here

    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.