«Vengan conmigo a un lugar solitario»

Por Fray Pablo Iribarren Pascal, OP

Buenas Noches.

Me encontraba ayer tarde con mi corazón en ustedes, mis lectores-amigas/os, cuando recibí una llamada procedente de Oaxaca; era la tercera que recibía en la semana del mismo origen, aunque de diferentes personas. La llamada postrera respondía a Ernesto, que conocí en mi estancia en Oaxaca, a mediados de la década de los sesenta del siglo pasado, en un servicio que daba un servidor, a jóvenes estudiantes, junto con el Pbro. Esteban, que había creado un movimiento llamado, Jornadas de Vida Nueva, con el que colaboré intensa, grata y, con la ayuda del Espíritu del Maestro Jesús, con eficacia: el Reino de Dios abundaba entre los jóvenes. Me siento ahora feliz por el reencuentro virtual con ellos, con ustedes oaxaqueños, lo digo así, por si llegan a leer esta página.

Les comparto, que, al recibir la última llamada de Oaxaca, mi mente y corazón estaban entretenidos; meditaba más bien, en uno de las escenas más cálidas del Divino Maestro con sus discípulos, que narra el escritor y evangelista Marcos. Se la comparto a la letra: “Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces él les dijo: «Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco». Porque eran tantos los que iban y venían, que no les quedaba tiempo ni para comer.
Jesús y los suyos se dirigieron en una barca a un lugar apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas” (Mc 1,29-39).
Los apóstoles, dice el texto, regresan a Jesús, después de un tiempo de que fueran enviados, y cuentan con gozo a su Maestro, los logros alcanzados en su trabajo. Jesús, por su gran sensibilidad, descubre el cansancio, la fatiga que cargan física y espiritual, y concluido el informe, les dice: “Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco”. Así, con ternura, invitó Jesús, en su momento a los discípulos, así lo hace hoy con muchos jóvenes y personas adultas cansados de una vida sin metas, distraídos en cosas sin valor, cuando no, nocivas… El Maestro, sigue invitando hoy.
“Y tomando la barca se dirigieron a un lugar apartado y solitario”. La sorpresa para ellos fue grande, pues, al alcanzar la playa se encontraron, escribe Marcos, con una numerosa multitud necesitada, “como ovejas sin pastor”; hambrienta de Vida Nueva, de salud espiritual, sicológica, moral, de verdadera sabiduría. Así sucede hoy a jóvenes, gente mayor; hombres y mujeres necesitadas de cosas del espíritu; sin una meta clara, bien definida en lo profundo de su ser; si, vagando de gozo en gozo sin sentirse nunca en paz consigo ni satisfechos.
Y Jesús, con sus discípulos, olvidando su cansancio, “se puso a enseñarles muchas cosas”. Dicho con sencillez: les ganó la compasión Lo dice expresamente el texto: Jesús “se compadeció de ellos…Y se puso a enseñarles muchas cosas”: el Camino para encontrarse consigo mismos y rencontrarse con el Dios encarnado: Cristo, Camino, Verdad y Vida. La compasión es un valor esencial para todo ser humano.

Quizá, alguno de nosotros estuvo en el Camino y las distracciones y ofertas halagüeñas de este mundo nos desorientaron, y, en este momento, sentimos vacío interior, ¿por qué no intentamos retomar el Camino…? Haz oración, medita, busca el silencio en un espacio solitario y cultiva la compasión; ella lleva a la Vida.

Fray Pablo, OP

  • Kathryn Seib Vargas

    Gracias querido P. Pablo por tu testimonio de vida y tu sabiduría de reflexiones!
    Nos dió mucho gusto volver a estar en comunicación y esperamos seguir más cercanos.
    Gracias y que estés muy bien!
    Kathy y Javier

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