La vacuna contra el Covid-19

Por Fray Pablo Iribarren Pascal, OP

Buenas Noches.

Les comparto esta tarde, mis lectores, que, el día de ayer, recibí la vacuna del Covid-19. Me avisaron de la posibilidad y, al mismo tiempo, la recomendación a recibir la vacuna en Tuxtla Gutiérrez. Todavía más, me decía el amigo doctor, de quien recibía el aviso: “vente ahora mismo, que apenas hay cien personas en el centro “X” de vacunación”; él acababa de vacunarse también por su edad, no trabaja en dicho centro; no iba recomendado. Dejando toda otra ocupación, me trasladé de inmediato y, llegando con los documentos de rigor, en una hora y media estaba vacunado. Fue un centro escolar en el que se recibía la máxima y cuidada atención.

De corazón les digo, que tenía cierta preocupación en recibir la vacuna, por las noticias que se barajan en torno a las vacunas diferentes y de algunos casos de consecuencias negativas y hasta de gravedad, aunque, en lo profundo de mi ser, sentía la necesidad de vacunarme, dada mi edad —88 años- a más ciertas fallas que tienen mis pulmones.
Por otra parte, la opción pronta de la vacuna de mi parte, tuvo su base en que, la vacuna parece ser el recurso más adecuado para vencer la pandemia. De hecho, en algunos países donde la población vacunada va en aumento y se extiende a mayor número de ciudadanos, va traduciéndose en una considerable disminución de contagios, hospitalizaciones y gravedad de los enfermos.
Además tomo en cuenta, que los organismos internacionales de la salud, que son los medios que velan por la salud, los remedios de la enfermedad y trabajan y autorizan las medicinas y vacunas bajo ciertos valores éticos. En el caso de la vacuna contra el Covid-19, señalo los principios éticos que se han tomado en cuenta:
  • Maximizar los beneficios y minimizar los daños: respeto y cuidado por las personas, con base en la mejor información disponible, para promover la salud pública y minimizar las muertes y los casos graves.
  • Mitigar la inequidad en el acceso a la salud: reducir las disparidades en la salud en la carga de infecciones y muertes por COVID-19 y garantizar que todas las personas tengan la oportunidad de gozar de la mejor salud posible.
  • Promover un trato justo: tratar a los grupos, poblaciones y comunidades afectadas de manera justa. Eliminar las barreras injustas, desiguales y evitables de acceso a las vacunas contra el Covid-19.
  • Fomentar la transparencia: tomar una decisión clara, comprensible y abierta a evaluaciones. Permitir y fomentar la participación del público en la creación y revisión de los procesos de toma de decisiones (cf. CDC en internet).
Me agradan estos principios y los considero saludables y rectos y sobre todo, aprecio la voluntad de los organismos internacionales que defienden la salud y exigen que las vacunas alcancen a toda la humanidad, es decir, que ningún país o persona se quede sin este beneficio.

Concluyo afirmando: Dios no está ausente en el trabajo que supone la investigación científica, más todavía, la impulsa y está presente en la creación de las medicinas y las vacunas. De todos modos, la persona ha de sentirse libre para aceptarlas.

Fray Pablo, OP