¡Hosanna en el Cielo!

Por Fray Pablo Iribarren Pascal, OP

Buenas Noches.

Apenas faltaban siete minutos para comenzar la celebración festiva y Eucarística del Domingo de Ramos, de las once de la mañana, cuando sonó el teléfono. Intención tuve de dejarlo sonar, pero algo me motivo a levantarlo y preguntar ¿Quién habla? Por favor, ¿Qué desea?”. Sólo una pregunta, escuché que me decía el interlocutor con una voz que sentí de un hombre; y mi sorpresa fue mayor, cuando escuché la pregunta: “¿Por qué murió Jesucristo?”. Para ese momento llevaba escrita las siguientes palabras de mi Buenas Noches:

Domingo de Ramos, momento de gracia y de gloria que vive el Mesías Jesús, dije, pórtico de su pasión y muerte. La muerte de Jesús, es un signo de la coherencia de una vida vivida en tensión constante con opositores muy fuertes, dirigentes religiosos y civiles del pueblo, decididos a no dejarse convencer de sus enseñanzas ni admitir la crítica honesta que les hacía con el deseo sincero de que cambiaran sus prácticas rutinarias, su religiosidad legal, su culto de grandes ofrendas a Yahvé y vacío de amor al prójimo. Esto fue lo que le respondí. Quería seguir, mi interlocutor la conversación, pero me esperaba la comunidad de los creyentes y tuve que cortar.
Retomo, mis lectores y amigos en Facebook, y prosigo mi Buenas Noches, diciendo: Jesús ante el peligro de rechazo y amenazas de muerte de las autoridades religiosas y civiles del pueblo, y consciente del peligro, sin embargo, emprende la ida a Jerusalén y permite que le hagan una entrada humilde, por una parte: montado en un burrito y gozosa por otra, por las voces y gritos que lo aclaman: ¡Hosanna! Bendito que viene en el nombre del Señor… ¡Hosanna en el cielo! (Mc 11,1-10). Voces de personas, hombres y mujeres galileos y niños de corazón limpio, que, “si se callaran, gritarían las piedras”.
Jesús es el hombre coherente con lo que ha enseñado y hecho, no podía retraerse en el momento del peligro; era preciso que diera una última muestra de su verdad y autenticidad. Y así, entra en Jerusalén, la cueva de sus adversarios y oponentes hasta su pasión y muerte. Jesús, tenía puesta su confianza en Dios su Padre, que le acompañó en su misión y confiaba en él, terminó su existencia humana: “Padre, perdónales no saben lo que hacen y entregándose, dirá: “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”. Cristo realizó su vida en plenitud; nada dejó pendiente; se encomendó al Padre como Hijo y se dio a la humanidad como hermano mayor, y por ella dio su vida, para que tenga vida y Vida en abundancia.

Es importante seguir el ejemplo que dio el Maestro Jesús con su coherencia de palabra-enseñanza y el hecho de su vida y muerte, pues a veces nosotros, tratamos de acomodarnos y evitar la confrontación respetuosa y el diálogo.

Fray Pablo, OP

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