Fray Javier Zugasti (in memoriam)

Por Fray Pablo Iribarren Pascal, OP

Buenas Noches.

Jueves, 1° de abril, Jueves Santo, Fray Francisco Javier Zugasti Landa, del convento de Santo Domingo de Oaxaca, es invitado, por nuestro Padre Dios, a la Santa Cena de su Hijo Jesucristo, que había dispuesto para este Jueves Santo en el Paraíso. Y, Fray Javier, apóstol de nuestros tiempos, al servicio al Reino de Dios, asistió puntualmente a la Santa Cena de Jesús. Fray Javier había sido incorporado, desde su más tierna infancia, por el bautismo al servicio del Evangelio, confirmado en dicho servicio por su consagración religiosa y más tarde, por su condición sacerdotal.

Al exponer e interpretar, desde mi fe, de este modo, el fallecimiento de mi amigo y hermano en religión, Fray Javier Zugasti, trae paz y consuelo a mi corazón, ante la imposibilidad de llevarse a cabo el encuentro personal, que teníamos planeado realizar próximamente, él y yo, en Oaxaca. Sin embargo, sé, que el futuro encuentro, sin fecha, queda abierto con seguridad, y confiando en la bondad divina, en otra dimensión, cuando Dios lo tenga dispuesto, en su Casa. Ha sido el Covid.19, aunado a otras lesiones, el causante de la anulación de nuestra cita en la historia.
Fue en los últimos años de la década de los setenta del siglo pasado, cuando fray Javier, movido, impulsado por su disponibilidad a la voluntad de Dios y por el celo por el Reino, dejó su tierra y familia, según la sangre, viajó a México, incorporándose a la Orden Dominica. Destinado, poco después, a la ciudad de Oaxaca, llevó a cabo el servicio a la causa del Evangelio, en continuidad con sus hermanos dominicos, que, el siglo XVI, anunciaron a Cristo y fundaron con los obispos la Iglesia en Oaxaca. Su trabajo y misión la hizo desde el convento de Santo Domingo.
Fray Javier se entregó con alma, corazón y vida al servicio de la predicación de la Palabra de Dios, en tres temporadas en Oaxaca. Sin duda, esto hizo, que su corazón quedara prendado del pueblo oaxaqueño, de su historia y cultura, de la-ciudad de Oaxaca, hasta el extremo, me decía cierto compañero y hermano el día de ayer, que le escuchó decir: “quisiera que la muerte me encontrara en Oaxaca”, deseo cumplió, quizá, cuando menos lo esperaba, aunque ya venía percibiendo cierta posibilidad, dado ciertos males que, en los últimos años, comenzaba a sufrir.
Recuerdo, respecto a las enfermedades que, en su primera estancia en Oaxaca, principios de los setenta, no recuerdo a qué se debió, pero Fray Francisco Javier, tuvo una emergencia en la salud y necesitó una trasfusión sanguínea y, dado nuestro común grupo sanguíneo, compartí mi sangre con él. Considero que este sencillo servicio nos hizo vivir en gran confianza el uno con el otro, de tal modo, que, en verdad, he sentido un profundo pesar por su partida.
La comunidad dominica de Oaxaca, en su responsabilidad evangelizadora y misionera, sintió la necesidad de restaurar la función evangelizadora de su templo. Así, en varios mementos de su caminar, la comunidad se esforzó por la recuperación de su capacidad evangelizadora, muy limitada por la destrucción que sufrieran sus retablos, perdiéndose con ello, la palabra gráfica de esculturas y cuados y figuras centrales de nuestra fe y de signos de la gracia Christi. En este empeño es preciso destacar las figuras de Fray Esteban Arroyo, en la década de los cincuenta, con la construcción del retablo del altar mayor centrado en la Eucaristía y el Patrón Santo Domingo y otros frailes evangelizadores; Fray José María Tascón y Fray Jesús Loizaga, en los primeros años de década de los sesenta, evangelizaron también con la hechura del retablo de la Virgen del Rosario, devoción centrada en el misterio de Cristo, que los frailes promovieron en su trabajo evangelizador, en Oaxaca, en los siglos XVI y siguientes.
Pasaron otros años en que la comunidad de Santo Domingo de Oaxaca, se entregó a la evangelización con la palabra, actitudes y hechos de vida, anunciando a Cristo y los demás contenidos de nuestra fe en el medio urbano, indígena y universitario, junto con la promoción de la vida sacramental, la oración y meditación. En esos años, un servidor estuvo al frente de la comunidad de Oaxaca y fueron pequeñas cosas de construcción las que hicimos en el templo-
A partir de la segunda presencia de fray Javier Zugasti en el convento de Santo Domingo en Oaxaca, en los últimos años del siglo XX y principios del año 2000, fray Javier, con el apoyo de la comunidad, retomó la evangelización por medio de representaciones pictóricas, escultóricas y escenas de la fe, y siguiendo el ejemplo de los antecesores realizó el primer trabajo artístico de la construcción del retablo lateral del crucero del templo, cuya centro fue la Virgen de Guadalupe, a los pies de una gran escultura, de gran valor artístico, de Cristo crucificado.
En la tercera etapa de fray Javier Zugasti en Oaxaca, que concluye con la invitación a la Santa Cena de Cristo, en el Cielo, se construyó, bajo su dirección, el retablo del lado norte del crucero del templo, en el que se anuncia el misterio de Cristo muerto y resucitado, el kerigma de nuestra fe. Al pie del retablo se halla la figura del Cristo Yacente, muerto, y en lo alto del retablo aparece el Cristo glorioso, resucitado. Detalle hermoso y sumamente teológico, es la presencia de los Apóstoles y Evangelistas, testigos-fundamentos de la fe, junto a las grandes figuras dominicas de San Martín de Porres y Rosa de Lima, a quienes acompaña la figura de San Juan Macías, Bartolomé de Las Casas y otros religiosos.
De momento no destaco los nombres de los artesanos-artistas-escultores de la madera, oaxaqueños, quienes hicieron el trabajo artístico, bajo el proyecto de Fray Javier; en este momento no dispongo de ello; son una verdadera obra de arte en madera de cedro, rica en aroma, suave, se deja moldear, y dorado todo él, como todos los retablos del templo, con oro volador de veinte quilates. Por cierto, sé que el primer retablo y el mayor de todos ellos, lleva cedro de la selva de Chiapas.
Dispensen, que las fechas no tengan mayor precisión, pues son fruto de mi recuerdo y tienen un carácter aproximado, sin embargo, los hechos de mis hermanos en religión que relato, son estrictamente verdaderos. Sólo intenté, ofrecerles a ustedes, mis amigos y amigas, la figura de un hermano mío en religión, al que me unió una sincera amistad, y deseo honrar su memoria destacando el carisma de la predicación a través del arte, en el siglo XX y XXI, que brilló en él.

Fray Francisco Javier Zugasti Landa O.P; no te olvido y oro por ti.

Fray Pablo, OP

  • Felicisimo Martinez, O.P.

    Me uno de todo corazón a los hermanos de la provincia y a la comunidad cristiana de Oaxaca en la celebración del paso del entrañable Javier a la casa del Padre.
    A Juan Manuel, Provincia, y a todos los hermanos de la Provincia, les acompaño con mi oración y mi amistad.
    En mi último visita a Oaxaca, Fr. Javier fue hermano y guía más que nunca.
    fRATERNALMENTE
    Fr. Felicisimo

  • Fernando Lasa Doria

    He sentido mucho el fallecimiento del Padre Javier, triste noticia transmitida desde Oaxaca por Diego Abad Avendaño, amigo de Javier, y muy amigo mío desde 1974. Fue quien me presentó a Javier, que me casó en Diciembre de 1975, en la Parroquia de Santa María Atzompa, de la que era Párroco. En vista de que mi matrimonio, «ha dado buen resultado», Diego le pedía que casara a sus hijos, y divulgó por Oaxaca, que Javier, tenía buena mano para las bodas.
    Aunque soy navarro, con muchas vivencias en México desde 1969, y tres años en Quito, ahora vivimos en la Provincia de Málaga.
    Comuniqué el fallecimiento del P. Javier, al Capellán Castrense del Ejército en Navarra, y Párroco de San Nicolás, San Agustín y San Cérnin en Pamplona, Páter D. César Magaña Felipe, quien ofreció, por su eterno descanso, la Misa que celebró el pasado día 5.
    Que Dios lo tenga en su Gloria
    Fernando Lasa Doria y Guadalupe López Moreno

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