Jesús, Buen Pastor: defensor de la vida

Por Fray Pablo Iribarren Pascal, OP

Buenas Noches.

“El desafío urgente de proteger nuestra Casa Común (la Tierra) -escribe el Papa Francisco- incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar. El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás, en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado. La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común… Merecen una gratitud especial quienes luchan con vigor para resolver las consecuencias dramáticas de la degradación ambiental en las vidas de los más pobres del mundo” (LS 13).

Concluye el Papa, evocando las esperanzas y reclamos de un mundo nuevo de parte de “los jóvenes”. Permítanme que agregue a los jóvenes, a los hombres y mujeres de buena voluntad de toda raza y cultura, a los niños y niñas, más todavía, a toda criatura viviente: aves, animalitos, peces, todo ser viviente y el universo, todos reclaman un cambio, “un futuro mejor”, que no será posible, sino tomamos en cuenta la crisis que padece la naturaleza y el “sufrimiento de los excluidos”.
Últimamente se han venido generado hechos esperanzadores en relación a la defensa de la tierra; uno de ellos, es el cambio que ha dado en el gobierno norteamericano, (USA), de la actitud negativa y de rechazo que tuvo el gobierno pasado, 2017, al retirarse intempestivamente de los Acuerdos Mundiales de Paris, 12 diciembre 2015, en defensa del medio ambiente y de la biodiversidad; fue una bofetada al rostro de la humanidad y de la Tierra, fruto de su orgullo y prepotencia, lo que propició, en parte, el rechazo de gran parte de los norteamericanos a sus aspiraciones a la relección presidencial. El nuevo Presidente, Joe Biden, corrigió el error regresando la nación a los Acuerdos de Paris, 2021, en cuanto asumió la Presidencia USA.
Esta semana, en la que se ha celebrado el Día de la Tierra, 22 de abril, el presidente norteamericano, Joe Biden, propició la Cumbre Virtual del Clima, con la participaron de cincuenta jefes de Estado impulsando nuevos acuerdos, comprometiendo a su país a reducir las emisiones contaminantes al 52% para el año 2030, con la reducción del uso del carbón, del petróleo y otras energías fósiles contaminantes. Destacó, en dicha conferencia virtual, la presencia de la joven, Xiye Bastida, 19 años, de origen mexicano, nacida en san Pedro Tultepec, Estado de México, residente USA, que levantó la voz reclamando a los líderes Mundiales la urgencia “de un cambio climático” (el Papa Francisco, habla de “conversión”), de tal modo que se salve la naturaleza y la casa común.
La joven mexicana, Xiye Bastida, como la joven Greta Thunberg, Suecia, famosa por su presencia en los foros mundiales con el mismo objetivo de defensa de la vida y de la naturaleza, son dos jóvenes mujeres que rompiendo esquemas y con palabras contundentes y su carisma, han movilizado multitud de jóvenes y personas de todas las edades y condición, en diversos países, contribuyendo a generar una nueva conciencia sobre el valor de la tierra, la naturaleza y sus derecho a ser respetada, defendida y cuidada.
En el campo católico y, en particular, a raíz de la Carta Encíclica Laudato Si, 24 de mayo de 2015, del Papa Francisco, se ha venido gestando el Movimiento Católico Mundial por el Clima, que engloba a los 1300 millones de personas, entre las cuales han surgido comunidades, líderes y sin fin de grupos activos en la defensa de la naturaleza, guiados por el espíritu y la letra de Laudato Si, entre los que nos podemos contar ustedes y yo.
En mi meditación mañanera surgió la figura de Jesús, el Maestro Divino, como el Buen Pastor (Jn 10,11-18), defensor de la vida en todas sus formas: cuidador de enfermos y sanador de pecadores, protector de los débiles, amante y sin duda cuidador de la naturaleza. Es de admirar la ternura con que se expresa de las flores, los lirios del campo, las semillas, en concreto la mostaza y el trigo (digo yo, si hubiera conocido el maíz, sin duda lo habría tomado en cuenta, como otras varias semillas de nuestra América); las nubes, las aguas, el viento aparecen en sus conversación, a las que les dio una dimensión superior, haciéndolas canal del Espíritu Santo y de vida nueva. Su aprecio por la vid y el trigo le llevó a constituirlos vehículos de su persona en la Eucaristía… Jesús amó la naturaleza, la biodiversidad. Nada se libró de su condición de Pastor; entregó a la humanidad su vida y al mismo cosmos.

Estudiemos al Maestro y Pastor Divino desde la vertiente de su relación viva con la naturaleza y de sus múltiplex riquezas y aprendamos de su amor, cuidado y uso, no abuso, de la naturaleza.

Fray Pablo, OP

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