el obispo fray Bartolomé de las Casas

Por Fray Pablo Iribarren Pascal, OP

Buenas Noches.

Permítanme, mis estimados lectores, una feliz remembranza, que trae a mi memoria este mes de julio. En este mes y año, Julio de 1544, concluía fray Bartolomé de Las Casas, en España, la integración de un gran Equipo de misioneros dominicos -45-, de varios conventos, destinados a la evangelización de Chiapas; había sido nombrado obispo de Chiapa y Soconusco, en 1543, por el emperador Carlos V, diócesis erigida el 19 de marzo de 1539; necesitaba evangelizadores, contaba la nueva diócesis a penas con tres clérigos y tres religiosos de Ntra. Sra. de la Merced.

Durante los años que precedieron a su nombramiento de Pastor de la Diócesis de Chiapa, Fray Bartolomé, había caminado, junto con sus compañeros, fray Rodrigo de Labrada, fray Pedro de Angulo y fray Luis de Cáncer, a más de fray Bernardino de Minaya, procedentes de la Isla La Española, hoy República Dominicana y Haití, y evangelizado Nicaragua, El Salvador y Guatemala, con gran acierto, por obra del Espíritu.

Fray Bartolomé y compañeros, usaron un método de evangelización pacífica, que nombraron: Del Único modo de llevar a pueblos a la Fe…, método que exige al evangelizador, vivir en si mismo el anuncio de Cristo-Iglesia…, sin forzar ni obligar ni amenaza alguna, y respeto a los valores culturales de los pueblos, a sus instancias de gobierno, autoridades… sin acompañamiento de conquistadores y armas. Fray Bartolomé para entonces -1542- ya había escrito también su obra, La Brevísima destrucción de Las Indias.

Luego de muchos y tediosos retrasos –cinco meses pasó en Sevilla, España, el grupo misionero- durante los cuales, Fray Bartolomé, fue consagrado obispo el 30 de marzo de 1544, consiguió partir del puerto de San Luca de Barrameda, el 9 de julio de 1544. Comenta el cronista, fray Tomás de La Torre, que “todos decíamos, ser muy peligrosa la travesía, por las calmas que en aquel tiempo, y así parecía que nos metíamos a morirnos de sed y de hambre en el mar”; era una flota de 26 barcos entre naos y gruesas carabelas.

Cuenta él mismo, fray Bartolomé, que llevaba, a más de los 45 frailes dominicos, “deseosos de pasar y servir a Dios en la Indias”, “el remedio de las Indias en muchas leyes y provisiones del rey que había alcanzado… y que llevaba poderes y provisiones para hacer libertad a todos los esclavos…”. Estas Leyes se conocen como “Las Nuevas Leyes de Indias» que prohibían la esclavitud y los servicios gratuitos, promovidas por fray Bartolomé.

Como temían, la travesía estuvo llena de peligros desde el primer momento, pues su nave amenazaba por hundirse por estar la carga mal lastrada, cosa que se corrigió en la primera parada en la Isla Gomera, islas Canarias. Siguió el viaje con graves necesidades y numerosas calmas, a veces estacionados en el mar, lo que les permitió bañarse en las aguas y pescar algunos tiburones y tomar algún alimento fresco.

Alcanzaron Puerto Rico y la Isla La Española, Santo Domingo, el 9 de septiembre 1544, donde fueron recibidos por sus hermanos en religión, aunque con la animadversión de los conquistadores, pues conocían la Nuevas Leyes de liberación que traía Fray Bartolomé, por lo cual, se les negó, un tiempo, embarcación. Al fin, consiguieron un navío, por mil doscientos castellanos, “de donde le nacieron al señor obispo, muchos trabajos y deudas que duraron años”.

Después de tanta demora, salieron rumbo a Yucatán, puerto de San Lázaro, el 15 de diciembre de 1544, aunque por enfermedad y otros motivos se quedaron en Santo Domingo, unos quince religiosos, que no pudieron proseguir viaje. El navío estaba en manos de un capitán y marineros inexpertos, lo que se hizo evidente ante las grandes tormentas que se levantaron, con gran peligro de perecer.

El día cinco de enero de 1545, estaban frente a Campeche, desembarcando el seis en una villa de unas quinientas casas y trece familias españolas, dando gracias a Dios, con el canto del Te Deum laudamus. Con ello, fray Bartolomé, entró en su Diócesis de Chiapa, que, en ese momento, comprendía toda la Provincia de Yucatán, Tabasco, Chiapas y norte de Guatemala y recordó a los religiosos el motivo de su viaje en defensa de los pueblos originarios, que les había movido a dejar casa, convento, familia, amigos y venir a aquellas tierras tan extrañas.

No dejaron los frailes de predicar a las familias españolas, exhortándoles a respetar derechos de los naturales, “y tuvimos gran lástima verlos sin ningún conocimiento de Dios… Hicimos colación con el cacique, señor del pueblo. Nos sacó la tacita de beber, que es la mayor fiesta que ellos hacen a los huéspedes que vienen a su casa”. Todos son infieles y sin bautizar, pues no tienen quien les enseñe. De este lugar, les restaban ciento veinte leguas a Chiapa, Ciudad Real, el término de su viaje, hoy San Cristóbal de Las Casas.

El día 18 de febrero, domingo, de mañana, salió la primera barcaza con cuarenta colonos españoles y diez religiosos. El lunes en la tarde se levantó un violento norte que barrió la barcaza y la inundó, quedando a merced de las olas seglares y religiosos; se ahogaron casi todos, de los religiosos sólo se salvó, fray Francisco y el joven Segovia, que le ayudó. La barca salió en una playa de la isla de Términos, cerca de Champotón. El mar no devolvió ningún cuerpo solo algunas cajas de libros del obispo y de los frailes.

Reunidos todos los frailes en la isla de Términos, pasaron unos días en la playa en oración y celebraciones por los difuntos, hasta el 12 de febrero, esperando que el mar devolviera algún hermano. Tristes y desolados prosiguieron viajes por tierras pantanosas, lodazales, lagunas y ríos, pasando hambre, sol y mosquitos. Atravesaron Xicalando; entraron en Tabasco, antigua Santa María de la Victoria, que vino a llamarse Villahermosa de San Juan Bautista más tarde, junto al Río Grijalva que atravesaron con dificultad.

Entraron en la región zoque; probaron el cacao, la higuana, las totillas; pasaron Tacotalpa; caminos ásperos, lodosos, montañosos, “árboles altos que parecen llegar al cielo”, con troncos tan gruesos que diez hombres no los abarcan con sus brazos, con infinitos arroyos. Llegaron al pueblo de Teapa y Tecomajiaca, donde fueron recibidos con Cruz Alzada, “por saber que venían a remediar los trabajos y opresiones que sufrían los naturales… Todo nos parecía de ensueño y encanto”. Dieron gracias a Dios en la iglesia y el poblado y cenaron y descansaron. El 26 de febrero entraron en Ystapangajoya. En esta región fundaron el convento de Oxolotán en 1633.

A finales de febrero, toparon con el Río Grande y a su orilla se veían lagartos poderosísimos y se encaminaron a Xiloxuechiapa, donde llegaron “más muertos que vivos”, por los lodazales. Encontraron la casa de Pedro Gentil, casado con honrada mujer, ambos tenían célula de hermandad y eran hermanos laicos de la orden dominica y se hospedaron.

Llegó el momento en que tuvieron que enfrentar la cuesta de Tapilula, “afamada en toda esta tierra”. Viendo que los frailes desfallecían por el cansancio y los ayunos de cuaresma que guardaban, “dio licencia padre Vicario, Tomás Casillas, para que los más débiles tomaran un huevo asado cada uno”. “No pudimos seguir delante por la fatiga y enfermedad, vinieron gentes de los pueblos cercanos en ayuda… pues todos estábamos postrados con calentura”.

Otro día, ocho de marzo, algunos en hamacas, otros renqueando y apoyándose entre si, subieron una cuesta de dos leguas, “que los puertos y cuestas de España son salas barridas en comparación de estas cuestas”. Vinieron en su ayuda gentes nativas con alimentos y bebidas, que les dieron un poco de ánimo, llegando a un lugar llamado Amatlán, “daba lástima vernos”; “nos derribamos todos por los suelos con nuestras calenturas”.

En esta situación se encontraban los frailes cuando les llegó un socorro de parte del obispo que se había adelantado en el viaje: refresco, una cesta de roscas de pan de Castilla, una caja de conserva y un gran jarro de vino, “con una galana vasija para beberlo. No pueden pensar el regocijo que sentimos… Pero aún nos quedaba la cola por desollar, lo más agrio de la cuesta por subir, que era una fortaleza donde se subían durante las guerras pasadas”. Las familias que vivían en torno bajaron en su ayuda con hamacas para los más enfermos y les llevaron a la iglesia y les dieron hospedaje y alimentos.

Enterados los pueblos, hoy decimos de Los Altos de Chiapas, de la llegada de los frailes, concurrieron las gentes, principales, caciques con su vestiduras propias y muchos regalos. Aquí, comenta el escritor, comienza gente de otra nación y lengua, que se llaman “quelenos”, y el clima es frío y de nieblas. Al día siguiente llegaron a Nistlán donde se juntaron más gentes que el día anterior, El día 11 de marzo comieron en un pueblo llamado Ixtacustuc.

El mismo día 11, alcanzaron a llegar a un pueblo llamado Muztenango donde les visitó un cacique, que traía con él un hombre, según decía, instruido en las cosas de la fe, y pedía, que pudiera enseñar a su pueblo las cosas de Dios. El hermano sabía el credo en latín y los mandamientos en romance; era todo. Cuando nosotros, dice el cronista, dimos a conocer a Dios en su propia lengua, había quien decía, “que destruíamos la tierra y que éramos locos”.

El día 12 de marzo, caminaron cuatro leguas, llegando al río cabe la ciudad, donde nos esperaban unos mexicanos, en una enramada, les tenían dispuestos melones de Castilla. “Entraron… a pie todos y algunos cayéndose con la calentura”. Era Ciudad Real, hoy San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, “Dimos gracias a nuestro Señor y nos fuimos a casa de un vecino que se llama Diego Martín. Era jueves, 12 de marzo, día de San Gregorio, año de 1545, “a cabo de grandes trabajos y fatigas”.

Fray Pablo, OP

  • Nota: Perdónenme la extensión mi Buenas Noches. El Libro se llama: Diario de viaje De Salamanca a Chiapa. 1544-1545, autor, Fray Tomás de La Torre, uno de los 45, con mayor precisión de los 25 evangelizadores que llegaron. He querido hacer esta síntesis en homenaje a los Padres de la Fe de los chiapanecos. Llegando a Ciudad Real, fray Bartolomé, los envió a todas las regiones de Chiapas, Guatemala y parte de Tabasco.

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