Retiro espiritual

Buenas Noches.

Retomando esta tarde-noche dominical, ya en San Cristóbal de Las Casas, mis andanzas y ocupaciones, que no he compartido con ustedes y permanecen en el “tintero”, digo “tintero”, evocando aquel objeto indispensable en todo escritor en los años pasados, me veo del lunes, 23 de enero al día 26, en la Ciudad de León Guanajuato, en Retiro Espiritual bajo la dirección de fray Manuel Ángel Martínez, Doctor en teología espiritual y religiosa.

Nuestro Retiro, comparto algunos detalles del mismo, mis lectoras y lectores, pues lo considero de gran utilidad para ustedes también. Lo iniciamos bajo un gran reto. El director del mismo, lo formuló con una expresión de San Pablo, el gran converso al Misterio-Cristo, a quien amó hasta la muerte. Se dirigió a nosotros, fray Manuel, éramos 56 religiosos con edad entre los 20 años el más joven y los 90, que cumplí en esos días, con las palabras que el Apóstol escribió a la comunidad de Filipo: “Tengan entre ustedes los mismos sentimientos de Cristo Jesús, quien, siendo de condición divina, no hizo alarde de ser igual a Dios; si no que se vació de si y tomó la condición de esclavo, haciéndose semejante a los hombres… (Fil 2, 5-11). Este fue el gran reto que nos puso de entrada al inicio del retiro.

El ejercicio espiritual o retiro, dijo, exige de entrada apertura a la gracia, al Don del Espíritu, que, al modo de Jesús, me pide el ingreso al desierto, a la soledad de mí mismo, al descenso a lo profundo de mi, a conocerme, al despojo de todo egoísmo, en el silencio de todas mis potencias y sentidos, (el retiro o ejercicio espiritual es la ocasión ideal para escuchar a Dios, “Fides ex auditu”, Rom 10,17 en mi propia conciencia), en actitud de verdad, sinceridad y humildad, ante mi propia realidad. Actitud que me lleva al conocimiento de mí mismo, del otro y del gran Otro, el Dios de misericordia, del perdón, al Dios de Jesús, que Jesús conoció en el desierto, que vivió en su vida de servidor y recomendó a sus discípulos/as.

Tengan ustedes los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús, tengamos, repetía el director del retiro; Jesús, nuestro hermano mayor, que hizo de su vida, inspirado por el Espíritu, la ofrenda de todo su ser y obrar a la gloria de Dios en el servicio a sus hermanos de todos los tiempos y culturas. Nuestra condición cristiana, religiosa y sacerdotal impulsa, por su propia naturaleza, a convertirme en ofrenda a la gloria de Dios Padre: conversión, vaciamiento, abajamiento, desapego total. Cristo se humilló, compartió hasta el extremo nuestra condición humana; “en todo menos en el pecado”, se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz; renunció a sus privilegios divinos. Este camino, conversión y apertura a la gracia de Dios me lleva a ser otro Cristo en el mundo, en el aquí y ahora, no buscando mí propio interés sino la gloria de Dios y el bien de mis hermanos en la verdad.

“Cristo, afirmó el director de los ejercicios, no es simplemente un ejemplo, ni siquiera el modelo más acabado. Cristo es a la vez el ejemplo y la condición para poder ser imitado. La imitación de Cristo no es para el cristiano el simple apego a un modelo, a una copia ininteligible. No se trata de reproducir materialmente en uno los gestos de Jesús, pues él no quiere copias sino discípulos. Sólo las actitudes fundamentales que animaron a Cristo pueden y deben ser, de alguna manera, modelo para el cristiano. De este modo la imitación de Crasito escapa a todo mimetismo”.

Reproducir la imagen de su Hijo (cf. Rm 8,28-29), esto sólo puede ser obra del gran artista, el Espíritu Santo; pues Él es, “el que reproduce el retrato de Cristo en la tela de nuestro corazón”; “El viene a socorrer en nuestra debilidad, porque no sabemos qué pedir ni cómo pedir en nuestras oraciones, pero el propio Espíritu ruega por nosotros, con gemidos y súplicas que no se pueden expresar” (Rm, 8, 26). Mi actitud ha de ser de apertura y fidelidad a su palabra e inspiraciones. La obra de Cristo consiste en restaurar en nosotros la imagen de Dios empañada por el pecado.

Dispénseme mis amigas y amigos, dada la brevedad del espacio con que cuento en mi página, Buenas Noches, que no siga detallando, paso a paso, el proceso de nuestro del retiro, que nos esforzamos en aprovecharlo como un regalo de Dios y que ha significado un alto más en el camino de mi servicio al reino de Dios y la sociedad.

Hubo, el día 25 de enero, un momento en que viví muy particularmente la presencia y el don del Espíritu, fue al atardecer de ese 25, en que cumplí los 90 años, Presidí, con gozo y junto con mis hermanos en religión y sacerdocio, la Eucaristía, el Memorial que Jesucristo nos dejó de su persona, vida, trabajos, servicio, alegría y sufrimientos, muerte y resurrección, toda una vida hecha ofrenda a la gloria de Dios en el servicio a la humanidad, y, que por

voluntad suya, la actualizamos diariamente y con gozo en la Misa.

En dicha celebración, compartía a la asamblea creyente y cocelebrante, la actitud con que mi hermanita María Dolores, celebraba también la Eucaristía, con Cristo, haciendo, me decía ella, de sí misma y de su vida toda, con todos sus sucesos, y, llevando místicamente en sus brazos a la humanidad y la creación entera, una ofrenda a Dios y a su gloria, “Misa de Gloria”, la llamaba, sintiéndose como una gran sacerdotisa junto con Cristo.

Así me sentí en aquel momento y celebración, con gozo, agradecimiento; sintiéndome ofrenda uno con Cristo y la humanidad y el cosmos (mi hermana María la llamaba a la Eucaristía, Misa cómica) a un y mis limitaciones y fallas, dado que mi vida ha sido de actitud de costante conversión, como me cuentan que sucedió el día i a la hora de mi bautismo, respecto al nombre. Como nací el día 25 de enero, en que se celebra la Conversión del Apóstol Pablo y la costumbre en mi familia era bautizar a la criatura con el nombre del Santo del día, unos querían que me llamara Pablo y otros Conversión. Ante esta disyuntiva, mi padre la zanjó diciendo: “Su nombre sea Pablo y Conversión, dejémosla que sea su tarea de por vida”. En eso andamos.

Gracias por su tolerancia y comprensión, mis estimados/as lectoras. Aprovechen lo que les sea útil de mis Buenas Noches.

Fray Pablo o.p., 5 de febrero 2023.