Mensaje de Semana Santa.

Buenas Noches.

Somos incontables las personas que calificamos esta semana, que inicia con el presente Domingo de Ramos, como Semana Mayor, Semana Santa, dado que en ella y en sus diversas acciones litúrgicas, se conmemora, restaura y actualiza la sanación y liberación que Cristo realizó del género humano, y, aún, del “universo entero”, con su vida muerte y resurrección.

El creyente, usted y yo, por la fe y gracia de Dios, dicha acción saludable y liberadora la hacemos efectiva en nosotros, al modo que lo hiciera el Buen Ladrón, quien, por su disponibilidad y apertura, recibió de Jesús aquella palabra salvífica y eficaz: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23,42-43). Esta es la grandeza, el poder y la santidad para cuantos celebran la Semana Mayor, conscientes y confiados en la bondad y misericordia de Dios.

No faltan entre nosotros personas que ven en las celebraciones de la Semana Mayor y hasta lo dicen: “Los cristianos celebran el fracaso y la muerte de su líder y fundador”. Los que así piensan no saben lo que dicen, desconocen más bien, la salvación que ofrece la Iglesia en sus celebraciones de los Días Santos (Triduo Pascual). La salvación que Cristo ofrece hoy, y por su mediación la Iglesia, no coincide con las esperanzas de hombres y mujeres materialistas, incrédulas, egoístas…, que sólo piensan en una felicidad fruto del poder, del tener, del placer. Del proyecto que Cristo-Iglesia ofrece, orientado a la plenitud del verdadero ser espiritual, histórico y trascendente, surge el hombre y mujer nueva; “el que vive según Cristo es una nueva creatura, para él todo lo viejo ha pasado. Ya todo es nuevo” (2 Cor5, 17). “Todo, escribe en otra ocasión el mismo Apóstol Pablo, lo que era valioso para mí, lo consideré sin valor a causa de Cristo. Más aún, pienso que nada vale la pena en comparación con el bien supremo, que consiste en conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por cuyo amor he renunciado a todo, y todo lo considero basura…” (3,7-8). El espíritu, el corazón liberado, por el don y gracia y la fe en Cristo, es el que alcanza, no sólo su sanación y liberación espiritual, sicológica y física, sino también la auténtica dimensión social, política… del ser humano.

El dolor, el fracaso, la muerte de Jesús en la cruz nos orienta a reflexionar sobre nuestros dolores, enfermedades, sufrimientos y fracasos en la vida: “Si nuestro objetivo es evitar el dolor y buscar el máximo placer, nunca podremos aceptar el mensaje de Jesús”, escribe, fray Marcos, autor moderno en su homilía de este día de Ramos. El dolor, el sacrificio, el esfuerzo lo seguimos asociando a un castigo de Dios, es decir, a una ausencia de Dios. La Semana Santa nos tiene que llevar a la conclusión contraria. Dios está siempre con nosotros, pero necesitamos descubrirlo sobre todo en el dolor y la limitación” de nuestro ser”.

Considero que Dios no planeó, ni quiso que Cristo sufriera la pasión, desprecios, humillaciones y muerte dolorosa, ni de ningún ser humano y menos, como exigencia para perdonar nuestros pecados y delitos. Cristo Jesús oró a Dios diciendo: “Padre si es posible pase de mí este cáliz…” El Padre, dice el escritor sagrado, escuchó la plegaria del Hijo y, sin embargo, murió en la cruz; el Espíritu del Padre fortaleció al Hijo, quien terminó diciendo: “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Jesucristo fue muerto a consecuencia del rechazo de los directivos, jefes y ancianos del pueblo a su persona y enseñanzas. Dichos dirigentes sentían que el Maestro Jesús enseñaba y actuaba en contra de las tradiciones y leyes religiosas y sociales de su religión y sociedad. Quizá no eran tan malvados como a veces los sentimos, pues lo llegaron a tachar de blasfemo y de destructor del templo y de considerarse Hijo de Dios. Escribas, fariseos, sacerdotes considero que defendían el orden establecido por sus leyes. Aparte de las implicaciones y consecuencias políticas que veían por su condición de nación sometida al imperio romano. Por todo ello, consideraron que debían eliminarlo.

El Maestro Jesús, era consciente de todos estos peligros, pero en respaldo a su enseñanza nueva y al plan de Dios de generar una sociedad de hermanos, donde fueran reconocidos como personas e hijos de Dios, sus derechos y dignidad de todo ser humano y en particular, para darnos a saber de un Dios Padre compasivo y misericordioso, que deseaba reconciliar y restablecer una Alianza Nueva con la humanidad y el universo, decimos, que Jesús aceptó la muerte y una muerte de cruz. Se entregó consciente y enseñó una senda nueva, y se constituyó en Camino que conduce al Padre y cimienta una nueva sociedad que sabe asumir el dolor y la muerte.

La consecuencia de esta entrega generosa de Jesucristo, el Padre Dios lo glorificó y le dio el nombre que está sobre todo nombre para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra y toda lengua proclame que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios Padre (cf. Fil 2,8-11).

Celebremos con este espíritu la Semana Santa y celebremos la muerte y glorificación de Cristo, muriendo en mí a todo un pasado vivido lejos del amor de Dios y del prójimo (“al hombre viejo” en expresión de Pablo el Apóstol converso) y reconciliados con Dios, con nuestro prójimo y con nosotras/os mismos, seamos hombres y mujeres nuevas en Cristo nuestro hermano.

Fray Pablo o.p.

    Leave Your Comment Here

    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.