Somos o nos hacemos ciegos
- Buenas noches
- 26 marzo, 2023
Buenas Noches.
Un suceso muy triste me da pie, el día de hoy, para invitarles a ustedes lectoras/es a un momento de reflexión, de meditación profunda. Me motiva a ello un suceso muy doloroso e injusto, aunque frecuente en nuestra sociedad, si no al extremo que alcanzó en esta ocasión, que se repite con excesiva frecuencia, en particular en el ámbito de la formación escolar pública y privada, al que no se le da la atención debida, cuando debería atenderse con gran cuidado y rigor.
El día 21 de febrero del presente año en la Secundaria anexa a la normal 0518 ubicada en Teotihuacán, dos niñas entre los catorce y quince años se enzarzaron en una pelea, a muerte, digo yo, por las consecuencias que tuvo: la muerte de una de ellas, Norma Lizbeth Ramos. El antecedente de este triste e injusto suceso, fue el Bullying que Norma sufría en forma recurrente en la escuela y que sus familiares habían advertido a la directora de la misma, sin que, al parecer, se tomara en serio la denuncia.
En la riña que ambas niñas sostuvieron, bajo la mirada y animación de sus compañeras/os, una de ellas golpeó dura y constante en la cabeza a su condiscípula Norma con algún objetó duro, reiteradamente en la cabeza, a tal extremo, que, muy poco tiempo después, Norma falleció por traumatismo craneoencefálico. Los compañeros/as de escuela, y esto le imprime al hecho mayor gravedad, en vez de tratar de detener la riña, se alegraron con el triste espectáculo y, con sus gritos, animaron más y más para que se recrudeciera, mientras gravaban la acción con sus celulares y lo difundían en las redes sociales. ¡Qué triste y doloroso! Sin duda, algunos de ellos, sin peligro mayor, podían haber detenido el macabro espectáculo en vez de aplaudirlo.
Este crimen es un signo del decaimiento moral de nuestra sociedad y de las fallas tan hondas que tiene la educación familiar y el sistema educativo o al menos, la práctica educativa y escolar en los diversos niveles; carencia y pérdida de valores en la juventud y niñez que no saben del respeto al otro, y sobre todo al indefenso. Aunque este caso de Bullying se dio a nivel de secundaria, también se da en otros niveles, aún en el universitario y aún en el campo laboral, según informan los medios de comunicación y los espacios de impartición de justicia con el resultado de que niños, jóvenes y adultos viven retraídos, humillados, temerosos, deprimidos, cuando no, familias enlutadas como en el caso que nos ocupa.
Desde ayer tarde, en que leí esta noticia, dolorosa e injusta, de la muerte de una jovencita, provocada, según la noticia, por otra joven, despertó en mí una gran preocupación, y lo manifesté, en mi espacio de enseñanza, a un público numeroso, que desde la tarde de ayer y toda la mañana de hoy domingo, he tenido la gracia de que me escucharan. No es la primera vez que abordo esta cuestión en mi enseñanza dominical, al tiempo que exhorto a padres y maestros, a profesores y alumnos y a directores de centros de educación, a exigir el respeto mutuo entre los alumnos, pues, lo contrario, desdice de nuestra condición de personas y seres humanos.
MI meditación mañanera, me llevó a las Sagradas Letras, la Biblia, e Inspiró mí meditación el pasaje de la misma, en el que aparece el Maestro Jesús, sanando a un ciego de nacimiento con un poquito de barro hecho con su saliva; con él unge los ojos del ciego de nacimiento, quien recobra la visión (cf Jn. 9). Excelente relato del evangelista San Juan de un proceso de cambio interior; de un hombre que recobra, no tanto su visión física, cuanto su visión interior, mental, espiritual, ante el asombro de su familia, de la sociedad y de las autoridades y, en especial, de él mismo, que siente la novedad de una vida nueva y de un mundo nuevo, en el que ha entrado y se esfuerza por entender. La fe en Jesús le hará capaz para afrontar el cambio a pesar de las burlas, desprecios y marginación social con las que tropieza en su vida nueva.
Somos o nos hacemos ciegos, o al menos, así se actúa a veces en este tema del acoso, burlas, desprecios, marginación, Bullying, que padecen niños/as, jóvenes y personas adultas por su modo de ser o bien, por un cambio de vida que se ha dado en ellas. Persiste hoy día en diversos centros y personas la ceguera interior, del alma, del espíritu, de la inteligencia y de ahí el triste suceso que estoy comentando y meditando a la luz del Maestro Jesús, cuya enseñanza de respeto de amor al otro no aprendemos u olvidamos.
Nuestra sociedad necesita abrir sus ojos. Escuché decir al Maestro Jesús o quizá fueron sus discípulos y discípulas quienes me dijeron y aprendieron de Él: “Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”. Su enseñanza es válida, es Luz.
Acerquémonos a Él y aprenderemos no sólo el respeto, sino el amor al otro, a mi compañero/a de estudio, de trabajo, de mí familia, de vida; escuchémonos unos a otros, se abrirán nuestros ojos. Todavía es válida la enseñanza de Jesús. Padres de familia, maestros, profesores, responsables de la vida social, laboral y educativa, no demos por caduca las enseñanzas del Maestro Divino, llevémosla a los espacios donde laboramos diariamente y viviremos. Caminemos en la LUZ.
Fray Pablo o.p. 19 de marzo 2023