La Mujer Cananea

Buenas Noches.

¡Cómo no admirar a la mujer al término del Campeonato Mundial Femenino de Futbol, celebrado en Australia, en el que triunfó el conjunto español, como también del conjunto perdedor, pues, en verdad, ambos, como todos los conjuntos o equipos que participaron en la contienda futbolista, merecieron el título; aunque, es bien sabido, que toda competencia futbolística o lid deportiva, al final, es uno/a quien ocupa el primer lugar! Si, fue maravilloso el espectáculo, un regalo que dieron las mujeres a la afición mundial y un modelo de superación, entrega, esfuerzo, sincronización –valores- a cuantos tuvimos el gusto y tiempo para seguir algún partido. Gracias mujeres. Comprendan que carezco de la posibilidad de felicitarlas a cada una por su nombre.

Horas antes del cierre de dicha competencia futbolística femenina- Campeonato Mundial Femenino de Futbol-, en mi meditación mañanera dominical, me sentí testigo de otro encuentro, no tanto deportivo, cuanto vital, angustioso y esperanzador a un tiempo. Me refiero al encuentro de una “Mujer Cananea”, con Jesús, el Divino Maestro, en una región fronteriza de pueblos y culturas diferentes y en algunos aspectos opuestos, aunque en verdad, en aquellos días, en ambas culturas eran personas oprimidas, aunque también sucede en nuestros tiempos y culturas, la mujer sufre marginación.

El caso es, que la “Mujer Cananea”, ante la presencia de Jesús, plena de angustia y esperanza -me agrada el calificativo que da a dicha mujer el escritor, fray Quijano, quien dice, “del arrojo, confianza inquebrantable y lucidez ingeniosa”-, se acerca a Jesús y le “grita, Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. Jesús, como que no escucha, hasta que los discípulos le ruegan: “Atiéndela”. Y Jesús entra el diálogo con la “Mujer Cananea” y le manifiesta las dificultades de índole cultural ¿teológico, que tiene? Sin duda, la Mujer entiende las escusas de Jesús y le anima a superar tales dificultades de un modo “lúcido e ingenioso”, dirá fray Quijano.

Jesús sucumbe ante la angustia y confianza que tiene la mujer en Él, se abre al otro, aunque sea extraña, extranjera… y le responde con gran gozo: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas”. Y en aquel momento quedó curada su hija (cf Mt 15,21-28).

¡Cómo deseo que toda mujer alcance esa confianza en sí misma y en sus compañeras solidarias, como la “Mujer Cananea” luchando juntas por el triunfo, como lo hicieron las mujeres que participaron en el campeonato mundial de futbol femenino. ¡Qué alegría también y qué gozo!, cuando todo el sector masculino, vele y respalde los derechos de las mujeres, pues la salvación de Jesús, hijo de David está a punto de llegar y su justicia a punto de manifestarse (cf Is 1,6-7).

Conforme fue adelantándose el día, visité a mi hermanita Irene, mujer de 94 años de edad, que hace unos meses, viendo y sintiendo sus achaques de salud, la pérdida de seguridad en su caminar y algunos otros problemas que acompañan de ordinario a tales años, no querido ser un problema, se internó en un centro de asistencia de ancianas/os y ahora enfrenta diversos problemas, a más la soledad de las huerta, de los campos, del aire libre; los árboles frutales, hortalizas, el espacio libre y sano de los campos… A pesar de todo, se esfuerza por superar tales limitaciones y confía en la solidaridad de sus seres queridos, que le dicen: “no te preocupes, Irene. Aquí estamos nosotros y no te faltará nada”.

El trabajo, esfuerzo y apoyo unido, animoso, conjuntado, asociado, en una palabra, SOLIDARIO, resuelve las situaciones difíciles y lleva consuelo al corazón angustiado y temeroso.

Fray Pablo o.p., 20 de agosto 2023 (Egüés).