Encuentro al amanecer
- Buenas noches
- 21 enero, 2024
Buenas Noches
En dudas andaba al amanecer del presente domingo sobre el contenido de mi Buenas Noches, cuando, sentado frente a la pantalla de mi compu, con el Sagrado Libro en mis manos, asomó el sol, brillante de luz, que iluminó mi escritorio en todo su esplendor, sin que nubecilla alguna lo impidiera. En ese mismo instante, desapareció de mi mente y corazón toda sombra; se hizo claridad plena en mi interior, inspirado en la escena testimonial que leía del escritor Juan, en su Evangelio, referente a un encuentro de Jesús con dos discípulos de Juan El Bautista (cf Jn 1, 35-42).
En cierta ocasión, escribe Juan en su Evangelio, caminaba él con su amigo y condiscípulo Andrés, a la orilla del Jordán, escuchando al maestro Juan El Bautista, cuando alcanzaron a visualizar al Maestro, (Rabí), Jesús que caminaba unos pasos delante de ellos. El Bautista, señalando a Jesús, les dijo a sus dos discípulos: “Ese es el Cordero de Dios”, evocando en Jesús el cordero-ofrenda de acción de gracias, que el pueblo de Israel regalaba a Yahvé, año con año por su liberación. Cierta curiosidad e impulso interior, llevó a Andrés y a su amigo Juan, a caminar en silencio tras las huellas del Maestro, quien, al escuchar sus pasos, se volvió y, observándolos con afecto, les preguntó: ¿Qué buscan? ¿Qué les trae en post de mí vida?
Juan y Andrés, respondieron: “Rabí, ¿dónde vives?” ¿Qué es de tu vida? Es una pregunta, no tanto por su doctrina cuanto por su vida. Jesús no les hizo comentario alguno sobre su existencia ni trabajo ni les dio explicación alguna de su doctrina ni de su modo de pensar o hacer, simplemente les respondió: “Vengan y lo verán”. Y comenta el escritor Juan: “Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Eran como las cuatro de la tarde”. El resultado de este encuentro fue, que ambos, Andrés y Juan, se dirigieron luego a sus hermanos de sangre y les dijeron: “hemos encontrado al Mesías (que quiere decir “Ungido”). Se comprometieron con el proyecto de Jesús y condujeron a Él a sus hermanos: Andrés a su hermano Simón, a quien Jesús cambió el nombre por el de Pedro, que significa roca y Juan a su hermano Santiago.
Andrés y Juan eran hombres en búsqueda, había en ellos insatisfacción, no les llenaba el cumplimiento de las normas y leyes religiosas de su tiempo, anhelaban intensamente algo más, y les fue concedido. Con razón decía el Maestro Jesús: “… El que busca encuentra y al que llama se le abre…” (Mt 7,8). No he de conformarme con ser bueno/a, con cumplir la ley, he de buscar el encuentro con Jesús y el compromiso con su causa, el Reino de Dios. Aunque, más bien, es él el que nos busca y el ser humano de buena voluntad, lo acoge. He de entusiasmarme con su amor, con su confianza en el Padre que le motivó a la oración constante; enamorarme de su proyecto de vida, con su entrega incondicional al prójimo; su solidaridad con el enfermo, con el pecador, con el marginado; He de ser capaz de bendecir a homosexuales y lesbianas si me lo piden conscientes de la realidad en que viven y acoger misericordiosamente a pecadoras.
Este encuentro tan sencillo y ocasional como lo describe el escritor Juan en su Evangelio y con tan buenos resultados, hemos de verlo como síntesis de un proceso con un final exitoso; hemos de comprender, que no se da de un día para otro. Sin duda, les llevó muchos contactos de discípulos y Maestro. Hemos de entenderlo como un proceso de conocimiento y enamoramiento mutuo en el que Andrés y Juan, como los demás apóstoles y discípulas tuvieron con Jesús; compartieron, sin duda, trabajos, alimentos, la oración, rechazos, pobreza y escasez, alegrías y penas, triunfos y fracasos, angustias y miedos…, en definitiva, la vida.
Tampoco niego que pueda darse un suceso muy particular en la vida de cada uno, como el que se dio de los discípulos con Jesús, es probable que se dé: suceso, palabra, meditación, y que lleve a despertar la búsqueda y compromiso incondicional con Jesús y su proyecto, el Reino de Dios y su justicia y misericordia. Esto es lo más probable y, más todavía, lo hemos de propiciar con la generosidad con el prójimo doliente, la plegaria, el amor por todo lo justo, lo verdadero y lo bello, lo santo; con el perdón y la misericordia con el hermano… Se lo deseo de todo corazón.
Fray pablo o.p., 14 de enero 2024.