La razón humana ante la maravilla de la naturaleza

Buenas Noches.

En mis Buenas Noches del domingo pasado, dejé claro mi fe en Dios Creador de la humanidad, verdad fundamental sobre nuestro origen: Dios, Ser Supremo, como lo reconocen muchos creyentes, es el creador del género humano. En Él está la razón de ser y existencia de todo hombre y mujer y del universo entero con toda su cuasi infinita variedad de seres. En síntesis: esta es mi fe y la de los muchos pueblos desde su remota antigüedad, que han expresado a través de relatos fantásticos, llamados “mitos”.

Por otra parte, me planteaba cierto interrogante, que considero no ha faltado también en ustedes, y que de un modo u otro, se pregunta el ser humano y, en especial, las ciencias y científicos modernos: ¿qué decir de la investigación y explicación científica, que pone el origen de la humanidad en la “evolución” biológica de nuestra especie, en base a restos de diversos homínidos que precedieron a nuestra especie actual? ¿Cómo surgimos? ¿Qué dice nuestro ADN?

En orden a clarificar el tema del origen de género humano, a través de la evolución de la especies, me pareció oportuno reafirmar esta fe y acudir a la enseñanza de la Iglesia, que, a lo largo del tiempo, ha visto confrontada su fe en Dios espíritu puro, eterno y creador, principio y fin, presencia y transcendencia, con otras afirmaciones, desde aquellas que han confundido a Dios con la creación -una misma realidad, dicen-, sin dejar en olvido aquellos que piensan que el mundo fue hecho por Dios y abandonado a su suerte, hasta aquellas corrientes de pensamiento que no aceptan ningún origen trascendente del universo y de la humanidad, sino que ven en ello el puro juego de una materia que ha existido siempre y que el ser humano cierra su ciclo existencial con su sepultura o incineración.

La Iglesia, por el contrario, sostiene en su magisterio, que “la inteligencia humana puede por sí misma encontrar la respuesta a la cuestión de su origen, pues la existencia de Dios Creador puede ser conocida con certeza por sus obras gracias a la luz de la razón humana” (DS: 3026), que descubre su presencia divina en la unidad, belleza, bondad del universo y de la humanidad y en cada una de las criaturas.

Es de mi agrado a este respecto aducir aquel bello pasaje de Pablo, el Apóstol, en Atenas, por el año 50 de nuestra era, en el areópago, ante los filósofos y pueblo sabio y curioso de novedades, a quienes habla del Dios Desconocido, que veneran sin conocerlo, al que pueden buscar, rastrear, palpar y hallar, “pues no está lejos de cada uno de nosotros y les dice. Porque dentro de Él vivimos, nos movemos y existimos; y como alguno de sus poetas dijeron: Somos del linaje del mismo Dios” (Hch 17,24-29).

La razón humana ante la maravilla de la naturaleza, su belleza, armonía y grandeza puede vislumbrar a un Dios Creador. En el decir del Maestro Eckhart, cuyos escritos y lectura me acompañan esta temporada, veo que intenta explicar por las razones naturales de los filósofos las afirmaciones de la fe cristiana sobre Dios Creador… “Pues lo invisible en Dios, es conocido y visible por la criatura en el mundo a través de la creación” (In Joh. n. 2: Largier II, p, 488).

Más todavía afirmo, el mismo Dios, no sólo dejó la huella de sí mismo en el universo y en el ser humano, sino que se adelantó y se reveló a sí mismo, se dio a conocer a la humanidad como su creador, su principio y su fin: “Desde antiguo, leo en el Libro Sagrado, Dios habló a nuestros padres en diferentes modos y de muchas maneras por medio de los profetas, últimamente nos ha hablado por medio de su Hijo… por quien creó los siglos y cuanto ha existido en ellos” (Hb 1,1-2).

Llegó a mi correo el día ayer una entrevista del comunicólogo, Roberto O,Ferrill, que hizo al escritor, Fernando Ribero Barroso, sobre la figura de Quetzalcoalt (ave-serpiente, unión de cielo y tierra), un ser divino para algunos, hombre sabio, antiguo mexicano, prototipo, fruto y trasmisor de la sabia cultura madre olmeca-mesoamericana y conocedor profundo, que llevó al conocimiento de los principios de la cultura madre: Ometeotl, Dios Único y Creador de los seres humanos y la dignidad de la persona humana (no víctimas humanas); Moyocoyani (el que se inventa a sí mismo, el que se da el Ser),“Yo soy el que Soy”. Dios y sus atributos revela a los seres humanos y los hace Teotihuacan, “donde los hombres se hacen dioses”, hombres y mujeres sabios, toltecas: los cielos descienden a la tierra. Dicho en términos cristianos: “las Semillas del Verbo” –San Justino (100-165)-: la presencia de Dios y sus valores se hacen vida en las culturas de los pueblos originarios: Quetzalcoalt = el cielo desciende a la tierra.

El catecismo de la Iglesia Católica se hace eco de las investigaciones científicas sobre el origen de la creación, que enriquecen los conocimientos sobre los orígenes de los seres humanos: sobre la edad y dimensiones del cosmos, el devenir de las formas vivientes, la aparición del hombre, y concluye: “Estos descubrimientos nos invitan a admirar más la obra de la Creador, a darle gracias por todas sus obras y por la inteligencia y la sabiduría de los sabios e investigadores” (CIC 283).

Acerca de estas investigaciones de los sabios de nuestro tiempo y los orígenes de la humanidad por “evolución”, concluyo mi Buenas Noches con las palabras del Papa Francisco: “… y la evolución de la naturaleza no contradice la intervención de Dios como Creador”.

Continuaremos, Dios mediante.

Fray Pablo o.p. Egüés 7 de agosto 2022.