Mensaje del día primero del año.

A nuestra espalda, el día 28 de diciembre 2021, siendo la una de la tarde, se cerró la puerta del cercado del convento de San Jacinto en Ocosingo, Chiapas; íbamos de visita. Nuestro plan era felicitar la Navidad a nuestros hermanos en religión y convivir con ellos en torno a la mesa fraterna. Gustamos los alimentos en gozo y acción de gracias, entre recuerdos del pasado, noticias del presente y expectativas de un año nuevo, 2022, muy cercano. Escribo este mensaje, en el año nuevo, como niño recién nacido, con mis mejores deseos de vida y paz en su corazón y familia.
Ocosingo es un pueblo antiquísimo, ya existía cuando llegaron los frailes dominicos en los años 1549 al 50, en su labor evangelizadora. Al poco tiempo, se consolidó como tal por la incorporación al mismo del pueblo originario Pochutla con su jefe, que vivía al interior de la Selva Lacandona, por el trabajo de convencimiento que hicieron los frailes dominicos, entre otros, fray Pedro Lorenzo de La Nada por el año 1564.
Fray Pedro Lorenzo, dominico, “fraile rebelde y feminista” (defensor de la dignidad y derechos de las mujeres, año 1573), fue uno de los grandes misioneros y predicadores entre etnias Pochutlas, tseltales, ch’oles… Fue creador, evangelizador y organizador de diversos pueblos, junto con sus compañeros. Testimonio de su trabajo, es el libro de bautismos 1558-1624, que se conserva en el Archivo Histórico Diocesano, San Cristóbal de Las Casas, en el que quedó asentada su firma en las actas bautismales de Bachajón, Chilón, Yaxalum (Yajalón), Petalcingo, Tila, Tumbalá. Fue también creador de Palenque, año de 1567, después de haber convencido a diversas familias de la cultura ch’ol dispersas en la zona. Murió en 1580 y fue enterrado en la iglesia de Palenque. Dominó y predicó la palabra de Dios en lengua chontal (Tabasco), tzotzil, tseltal, ch’ol y zoque.
Retomando mi llegada a Ocosingo y volviendo mis ojos sobre la puerta por donde habíamos entrado al espacio interior del convento, aquella puerta despertó en mi memoria la noche del levantamiento del EZLN y la toma de Ocosingo, 1994. Era, un servidor, párroco de Ocosingo y poblados de la Selva Lacandona y Altamirano. Vino también a mi mente el suceso del día dos de enero, cuando entró en Ocosingo el ejército nacional para recuperar la ciudad.
Un servidor, recién regresaba de enterrar, junto con unos vecinos, a cuatro policías que habían muerto en combate, alguno de ellos expuesto al fuego del palacio municipal y todos a un sol abrasador, sin que nadie los tomara en cuenta. Los doctores del hospital, levantaron acta de defunción. En torno a las dos de tarde, inició la contienda, el combate, entre las tropas nacionales y los alzados en armas, en especial en la zona del mercado y se prolongó hasta entrada la noche. En torno a las diez me asomé a la calle, todavía se oían disparos, cuando acertó a pasar un soldado protegiendo a un camarógrafo, lo saludé y le hice una pregunta a la cual respondió lacónicamente: “Nos fue mal, a ellos peor”. Y siguió su camino y yo me retiré al interior.
No había pasado hora y media (once o doce de la noche), cuando escuché un golpe fuerte y sonoro, procedente de la puerta que da a la calle. Un tanto inquieto, comenté a mis compañeros y hermanas: “Ya tiraron la puerta”. Y, efectivamente, así fue, todo estaba obscuro, sólo en la entrada había luz. Y dije: “tenemos vocear, que aquí estamos”. Y así lo hice. Nos separaba de ellos unos cuarenta metros y una tapia de adobes y la puerta. Respondieron: “Salgan con los brazos en alto”. Y armados de valor y con cierto temor también, salimos con brazos en alto y aclaramos la situación, aunque sentí que se retiraron con dudas. Eran unos diez o quince soldados con sus armas amenazantes. Su conducta fue respetuosa, aunque no tardó en llegar un pelotón con su jefe al frente y revisaron hasta el último rincón de la casa, llevándose un mapa de la región de la selva y algún papel escrito que les resultó sospechoso.
Los hechos que sucedieron a esta acción inicial fueron de mucha violencia, sufrimiento humano, destrucción y muerte. Sin duda, su repercusión nacional y aún internacional, fue muy grande, despertó conciencias, contribuyó a que la cuestión de los pueblos originarios, en situación de oprimidos, marginados y excluidos se ventilara oficialmente; se activó la sociedad civil y, el estado, por medio de su gobierno, hizo una pausa y no reaccionó, pasado el primer momento, brutalmente, más bien, optó por la vía política del diálogo.
Traigo a colación este tema, pues hoy se cumple un año más -28 años- de este suceso, y la solución todavía está pendiente. Y me digo y pregunto: ¿por qué los estados y sus gobiernos marginan tanto a los sectores más desprotegidos en economía, educación, salud, tierra, caminos, luz, y muchos otros etcéteras?
Los pueblos en esta situación de oprimidos, olvidados, etc. han reclamado justicia y solución a sus problemas por los cauces legales, y el diálogo, pero en vista a la falta de solución, se han visto obligados a reclamar sus derechos justicieramente, con fuerza, y hasta se rebelan contra el mismo gobierno, aunque, quizá, sabiendo o al menos presintiendo, que les va caer el peso de la autoridad con más violencia todavía.
Es de razón, que el estado no está exento de normativa y deberes éticos y morales para con los ciudadanos y, el primero de todos, es respetar la dignidad de los pueblos y sociedad civil, dignidad que conlleva el desarrollo y progreso económico, la salud, la educación intelectual y moral, la tierra, las comunicaciones, en una palabra, el bien de todo ciudadano, el bien común.
Año Nuevo 2022, tengo la esperanza de que los gobiernos de los pueblos crezcan en conciencia de sus responsabilidades y obligaciones morales, se fortalezca la conciencia de la sociedad civil y sus exigencias y, en consecuencia, aumente el bienestar de todos los sectores sociales y no se propicien más rebeliones por la negligencia de los estados. Feliz Año Nuevo.

Fray Pablo OP.

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