El escritor, investigador e historiador Jan de Vos

Buenas Noches

Considero conveniente volver sobre el libro de Jan De Vos, He vuelto a Leer, que presentamos el lunes pasado (24/10/22) en La Enseñanza, edificio neoclásico, “construido en 1915, por el gran arquitecto cristobalense, Don Carlos Z. Flores”, “que alojó por más de 71 años la Escuela Normal y formó a grandes educadores de Chiapas y del Sureste de México, bajo la dirección de la Maestra María Adelina Flores”. Asistió al evento un numeroso grupo de personas aficionados a la lectura y el buen saber, profesores y alumnos de la Cátedra Jan De Vos, CIESAS y ECOSUR.

En mi Buenas Noches pasada, pergeñé la figura del escritor, investigador e historiador Jan de Vos. Hoy deseo, con sus propias palabras, pues nada ocultó Jan en su obra autobiográfica, He Vuelto a Leer, referirme con brevedad a sus creencias y religiosidad; su fe, valor en la se concentra su libro.

Alguien calificó su libro “como una autobiografía intelectual”, yo la califico de una autobiografía escrita desde el corazón, desde lo más profundo e íntimo de su ser. En él, Jan De vos, muestra el drama que vivió durante su existencia entre fe y razón, entre el ideal sublime y la realidad de un ser humano, entre la posesión de los bienes materiales, intelectuales y sociales y el desprendimiento, disponibilidad y desapego total, “la nada” en expresión del Maestro Eckarth, místico alemán, y entre una espiritualidad ideal y las satisfacciones humanas legítimas de conocimiento y afecto.

En He vuelto a leer, Jan De Vos, hace una valoración de su vida y problemática, “de una manera extremadamente personal, íntima incluso”, dice Viqueita (Prólogo); en apariencia con gran serenidad, dominio y control de sí mismo; con naturalidad y el acierto literario que supone el título de su libro, He vuelto a leer, que se convierte en “leitmotiv” con el que, Jan, inicia cada capítulo; expresión, en mi sentir, no exenta de angustia, tristeza que, presiento, acompañó a Jan “hasta la vejez”, aún después de haberse retirado de su vocación inicial religiosa, como él mismo lo expresa.

Directamente, Jan, deja entrever en su obra autobiográfica, su desencanto con la Iglesia, la vida religiosa, la Compañía de Jesús, en la que ingresó a los 19 años, su estancia prolongada en la misma, sin razón suficiente para él, por respeto a un maestro al que le unió una amistad especial, a su misma familia y amistades, a quienes temía defraudar con su retiro de la institución religiosa, después de 30 años de vida en ella: la Compañía de Jesús. Sin embargo, y lo reconoce, ese puñado de años marcó indeleblemente su vida, su trayectoria futura; más todavía, su angustia existencial, dolor y éxito literario, de tal modo, que, sin esos años en la Compañía no tendríamos el Jan De Vos que conocimos.

No ha querido, Jan, en su libro autobiográfico ofrecernos dice: “datos, de mi persona en cuanto hombre de carne y hueso”, sino, dejarnos, a mi modo de pensar, una ventana entreabierta, más bien, una puerta amplia, abierta, sin vigilante alguno, a fin de que nos asomáramos a su “trayectoria espiritual”, marcada por su ingresó a la vida religiosa jesuítica, el abandono de la misma, la pérdida de su fe en la Institución eclesial y en sus enseñanzas, cuyas consecuencias se prolongaron “hasta su vejez”, vivida con emoción, “en cautiverio” y tristeza.

La “problemática central, escribe, que domina mi biografía y que la divide en dos partes más o menos iguales es, no cabe duda, (y éste es el golpe de gracia del que, Jan, no fue consciente), fue, dice, ´mi fascinación´ por la figura de Jesús de Nazaret”, que “sigue viva, escribe, hasta el día de hoy, aunque de manera más tenue y discreta”, que, por otra parte, le llevó a negar a ese mismo Jesús de Nazaret, despojándolo de toda realidad divina, Hijo de Dios, y convertirlo en una simple criatura humana, un hombre excepcional, pero excluido de toda realidad divina como lo confiesa la Iglesia, excluyéndose con ello de fe cristiana y de su adhesión a la Iglesia.

Jan De Vos en su lógica y siguiendo a diversos escritores, se apea de la fe cristiana, de su religión y práctica, y reduce al Jesús del Evangelio y de la Tradición cristiana a un mito, a una “figura legendaria, creada por sus discípulos al modo del personaje bíblico Sansón, o bien, de Juan López, mito de la cultura tseltal, que enfrentó victorioso a los conquistadores a principios del siglo XVIII en la rebelión de los tsendales. El Jesús histórico, el de carne y hueso, escribe, Jan, debe haber sido bastante diferente del predicador espiritualizado que nos presentan los cuatro evangelios.

Despojado Jesús de todo lo sobrehumano, su ser Divino, sin embargo, Jan de Vos, no deja de reconocer a Jesús, como “un joven soñador, quien a pesar de su juventud, dice, fue un taumaturgo renombrado y un maestro fuera de lo común. Había decidido renovar su propia religión, la judía, desde dentro interiorizándola y radicalizándola hasta pagar ese atrevimiento con su vida. Seguir los pasos de este hombre, veinte siglos después, sigue siendo válido y atractivo. En este sentido pienso que puedo continuar siendo “compañero de Jesús”,

Estas últimas palabras que escribe Jan, traen esperanza a mi corazón; considero, que a pesar de todo, en el corazón de Jan quedaba, lo que el Maestro Eckhart llama, “Chispa Divina que habita en el fondo del alma”. Yo confieso la maravillosa grandeza de Jesús de Nazaret, Príncipe de la Paz, Consejero Admirable Hijo de Dios, Ungido-Jesucristo-, Ser humano-divino, con un amor tan grande por la humanidad, que supera todo rechazo a su persona, venga de quien venga. Leo en el libro sagrado: “Si le somos infieles, él permanece fiel. Él no puede negarse a sí mismo” (2 Tm. 2,13).

Jan, por nacimiento en una familia religiosa y católica, a más de la formación religiosa y clerical, a la que se añade su encarnación en la cultura maya-cristiana en Chiapas, no puede desprenderse, aunque intelectualmente lo desee, de su ser religioso cristiano a pesar de su renuncia. Jan De Vos, como él mismo lo dice y canta a lo largo de su libro, sigue pegado a Jesús de Nazaret, a quien se sintió ligado desde su infancia y juventud, y a las expresiones religioso-litúrgicas de la Iglesia, que asimiló con la leche materna que lo hizo hombre, persona, creyente y escritor.

Así, a pesar de su rechazo intelectual a toda expresión de fe cristiana, el corazón de Jan De Vos añora el poema y cántico eucarístico-litúrgico, que compuso el gran teólogo del medioevo, Fray Tomás de Aquino, pensador profundo, que gustaba cantar emocionado:

Te adoro con fervor, Dios escondido, / con un corazón que late consumido. / Bajo esta figura quieres ser oculto. / Bajo esta figura yo te rindo culto.

Vista, tacto, gusto: todos se equivocan. / Sólo tus palabras mi oído tocan. / Creo que lo predicado por Dios Hijo / es verdad suprema en todo lo que dijo.

Fray Pablo o.p. San Cristóbal 30 octubre 2022