Adviento
- Buenas noches
- 10 diciembre, 2023
Buenas Noches
Adviento, voz con que reconocemos a las cuatro primeras semanas del Nuevo Año Litúrgico, de nuestra Iglesia católica y cristiana, que comienza el día de hoy, al que llamamos Domingo 1° de Adviento.
La palabra, Adviento, procede de la lengua latina adventum”, del verbo “advenio” que significa “venir”, pero un venir con ansiosa esperanza y gozo hacia el que va a venir, al que esperamos y nos disponemos recibir y celebrar su nacimiento original: Jesús de Nazaret, el hijo de la humilde y maravillosa madre María, elegida graciosamente, mujer especial, que destaca por ello entre las mujeres y veneramos con afecto sincero en nuestro ámbito eclesial por sus valores, gracia y santidad.
Varios escritores de la antigüedad, a quienes decimos profetas, siglos antes que sucediera el nacimiento de Jesús, lo presintieron y hablaron y escribieron de él en metáfora; así interpreto sus sueños, visiones que nos legaron en su lenguaje literario, simbólico, apocalíptico decimos: unos fueron escritores anónimos, otros, firmaron sus escritos, como Isaías, Ezequiel, Daniel… De este último, leía, este viernes y sábado pasados, uno de sus escritos, que a la letra, dice: “Yo, Daniel, tuve una visión nocturna: los cuatro vientos del cielo agitaron el océano y de él salieron cuatro bestias enormes”, cada una de ellas, a cuál más horrible y destructora. Las identifico con los grandes y antiguos reinos o imperios que dominaron el mundo: egipcios, caldeos, persas, griegos o romanos que dominaron con brazo de hierro a los pueblos; sometieron a naciones y razas e impusieron su cultura con soberbia, crueldad y poderío, y se aniquilaron mutuamente, aunque los pueblos dominados mantuvieron en lo profundo de su ser la esperanza de liberación en medio de ese caos de destrucción y muerte y la voz del profeta.
El profeta Daniel, creyente inquebrantable en el Dios de la vida, con su palabra misteriosa y estilo apocalíptico, impulsó las esperanzas de liberación del pueblo, cuando les anuncia y dice: “Mataron a las bestias y les quitaron el poder… y vi a alguien semejante a un hijo de hombre, que venía entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el anciano de muchos siglos (el profeta Isaías le llama, “nuestro Padre y Redentor, ese es su nombre de siempre” (Is. 63,16), Yahvé-Dios, “y fue introducido a su presencia. Entonces recibió la soberanía, la gloria y el reino. Y todos los pueblos y naciones de todas las lenguas lo servían. Su poder no acabará, porque es un poder eterno, y su reino jamás será destruido” (Daniel 7,2-14).
¿Quién es ese “alguien semejante a un hijo de hombre”? Bajo mi humilde saber e interpretación me atrevo a darle el nombre de Jesús”, de quien el ángel de Dios dijo a María: “Darás a luz a un hijo al que pondrás el nombre de Jesús. Será grande, y con razón lo llamarán: Hijo del Altísimo… y su reino no terminará”. María aceptó en plan de Dios: Hágase en mí lo que me has dicho” (Lc. 1,28-38): Navidad.
Pienso en algunos estados e imperios actuales, mucho tienen de bestia y de ángel, no digamos, en especial, de los cárteles de la droga, por el cobro de piso, la extorsión y el secuestro, el crimen organizado, que impera y domina poco a poco a los pueblos y la sociedad, ante la pasividad, al menos esa sensación siente un sector de la sociedad, sobre políticos y gobernantes. El Reino que proclamó Jesús, al que entregó su vida con una confianza plena en el Padre, “el Anciano de muchos siglos”, en expresión del profeta Daniel, glorificó a Jesús “y le dio un lugar a la derecha del Padre” (Rom 8,34).
A Jesús, Hijo del Altísimo, predicador del Reino de Dios, reino del espíritu no de las armas, del servicio y no del poder, de la justicia y no de la injusticia, del amor y no del odio y la venganza, de la generosidad y no del egoísmo, de la fe y confianza en el Dios de la vida, no de prepotencia, destrucción y la muerte, lo celebramos en breve, es la Navidad. También a nosotros/as en nuestra condición de seres humanos, hijos de hombre y mujer, ciudadanos de ese reino, se nos ha encomendado la promoción del mismo en el Hoy-Adviento presente. En esta historia de violencia, egoísmo y muerte, se nos invita a renacer a todo lo bueno, lo noble, lo justo, lo verdadero, a la Paz y a ser promotores de ese reino de justicia, servicio…
El ser divino ya está en mí, en ustedes creyentes, aunque quizá un tanto dormidos, diría mejor olvidadizos. Hagamos que en este Adviento despierte en ustedes y en mí esa realidad divina, “No vaya a suceder que llegue de repente y nos halle durmiendo. Lo que digo a ustedes, dice el Maestro Divino, se lo digo a todos, permanezcan alertas” (Mc 13,37).
Fray Pablo o.p. 3 de diciembre 2023.