Los obispos de Chiapa y la Defensa de los Pueblos Originarios
- Buenas noches
- 18 febrero, 2024
Buenas Noches.
En estos momentos, en que estoy preparando una charla que expondré el día de mañana en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Chiapas, en torno de las once horas, aquí en San Cristóbal de Las Casas, sentí una gran fortaleza al leer el pasaje del Evangelio de Marcos que narra el encuentro de Jesús con una persona afectada de lepra, que se acerca a él, diciendo: “Si tú quieres, puedes sanarme”. La respuesta del maestro-médico- Jesús, movido por la compasión, no podía ser otra, aunque iba en contra de toda ley y práctica de su tiempo, que abrazarlo y decirle: “Sea como tu lo deseas”. El leproso sintiéndose sano y liberado, no pudo callar lo que había sucedido y lo pregonó a los cuatro vientos (cf Mc 1,40-45).
En los tiempos y tierra de Jesús, prevalecía la Ley mosaica (13, 44-46), Ley que afirmaba que dicha enfermedad era una falta grave que hacía impura a la persona, por lo cual, a fin de que no contagiara la enfermedad y la impureza, tenía que caminar gritando: “soy impuro, soy impuro…, apártense”, con sus ropas desgarradas y no podía vivir en el pueblo, en sociedad, lejos de la familia y de la comunidad humana. El leproso era un excluido, un marginado, un desecho social.
Las consecuencias que le trajo a Jesús ese contacto y sanación, aunado a la publicidad que le hizo el enfermo, fue que tuvo que alejarse oficialmente de la convivencia humana, pues quedó impuro por el contacto habido con el enfermo, excluido también, y, como dice el mismo escritor marco: “ya no podía entrar en la ciudad, aunque la gente necesitada de su palabra y poderes, lo iba a buscar”.
Este hecho evoca en mí sucesos pasados -siglo XVI- en Ciudad Real, hoy San Cristóbal de Las Casas. Hubo un obispo, llamado fray Bartolomé de Las Casas (1544-1550), primer obispo de nuestra Diócesis de Chiapa, que, al llagar a estas tierras, se encontró con miles de personas, si no leprosos, si discriminados y explotados, que le tendían la mano y le pedían: “queremos ser libres, somos personas como ustedes…” Y fray Bartolomé, movido de compasión y sentido de la justicia, salió en defensa de los discriminados y oprimidos, cual los leprosos del Evangelio. Así lo hizo, y, como Jesús, fue también marginado, excluido por su solidaridad y defensa de los oprimidos. Y se marchó al centro del poder para seguir con mayor eficacia la defensa de los excluidos.
Este 2024, es el Año Jubilar del nacimiento (1924) del obispo, Jtactic Samuel Ruiz García (1960-2000), seguidor del pensamiento y actitud de Fray Bartolomé de Las Casas y en definitiva de Jesús de Nazaret. Mi charla de mañana lunes en la Facultad de Derecho versará sobre el tema, Los obispos de Chiapa y la Defensa de los Pueblos Originarios. Les comparto algunas palabras de mi conferencia:
En honor a la brevedad, cito alguna expresión de Fray Bartolomé y de otras figuras del episcopado de la Diócesis de Chiapa y San Cristóbal. Decía fray Bartolomé en 1545 dirigiéndose a los pueblos originarios: “Os afirmo que si no gustáis de nuestra compañía, nos saldremos luego al puente del lugar sin que todos los españoles del mundo sean bastantes para detenernos”…, “Y si vosotros queréis y gustáis de que moremos con vosotros, todos los cristianos de las indias no serán bastantes a echarnos de Chiapas”…. “Indios venimos a buscar, indios queremos, entre indios habemos de vivir, y no entre conquistadores”… “Hemos venido aquí para hacer restituir a los indios la libertad de que se les ha privado”…
El espíritu y estilo de fray Bartolomé es la herencia que reciben los obispos de la Diócesis de Chiapas y en concreto de San Cristóbal de las Casas. Ofrezco algunas de sus palabras y actitudes:
Fray Juan Zapata, el obispo criollo (1613-1621). Su padre Sandoval, español, oidor de la Audiencia de México, su madre natural de Nueva España, de apellido Zapata. Cuando ella lo vio vestido de obispo se desmayó. Cuenta la historia, que fray Juan ante esto optó por el apellido de su madre. Su opción por el oprimido le impulsó a dar prioridad a los negros, para quienes levantó el templo de San Nicolás de los Morenos, lugar de culto, refugio y centro social. Pidió a los frailes dominicos desprenderse de las fincas de su convento de Comitán, defendió a Fray Antonio de Remesal, cronista dominico de principios del XVII, de la Inquisición y pregonó que los naturales tienen derecho a gobernarse en lo civil y en lo religioso. Vivió pobre y así murió, de tal modo, que fue enterrado de limosna. Entregó sus bienes para financiar obras de beneficio social.
El obispo Polanco (1777-1784). Español, canónigo de la Iglesia catedral de Santander, su embarque rumbo a Campeche y Ciudad Real, término de su viaje, lo obstaculizaron los ciclones y la piratería. La difícil situación de sus fieles chiapanecos, injusticia y opresion le convirtieron en favor de los oprimidos. A su llegada a ciudad Real, escribe: “no hay casa de Ayuntamiento, ni regidores, ni alcaldes, ni procurador, ni escribano”. Dos fuertes cargas pesan sobre los hombros de los indios: El repartimiento (trabajo sin la justa remuneración) y la reglamentación del cultivo y venta de tabaco. “Los indígenas huyendo de tantas cargas que los espantan y empobrecen, dirá, abandonan sus pueblos (migraciones), se pasan a vivir con los lacandones (en la selva), o han de ocurrir a la capital (nuevas barriadas), o escapan al monte (rebeldía)” y las que hay, “legalizan las injusticias». (Informe de Polanco al rey Carlos III).
Fray Luis García Guillén (1781-1834), el descolonizador, primer obispo chiapaneco y primero de la época de la independencia, “deseaba la independencia” y su tarea fue la descolonización de la Iglesia. Jurista y canonista, luchó por la anulación del Patronato, que otorgaba al gobierno la facultad de “presentar” a obispos, que el papa ratificaba. Fue el primer tórico de la separación de Iglesia y Estado. Fue proclamado obispo de Chiapas por el pueblo y los clérigos. El papa Gregorio XVI lo ratificó en la dignidad de obispo. Ofreció al Estado el edificio del Seminario y la biblioteca para que funcionara la Universidad de Chiapas que carecía de recursos (1828). (Informes de los tres obispos: Boletín del Archivo Histórico Diocesano, Abril 2000: Memoria y Caminar de la Diócesis de Chiapas).
Fray Raúl Vera López (1995-1999). Dominico, que había guiado con destreza la diócesis de Altamirano, México, con un Plan de pastoral inspirado en el Vaticano II, fue nombrado obispo coadjutor de la Diócesis de San Cristóbal. Fray Raúl. Acompañó y compartió su autoridad con Jtatik Samuel y ambos marcaron la ruta a seguir en el Tercer Sínodo Diocesano, celebrado durante los años del 1995 al 25 de enero de1999.
No puedo callar en esta sencilla reflexión el servicio y la entrega generosa de los actuales obispos, fieles a la tradición evangélica y lascasiana que regentan la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, comprometida desde sus inicios con la justicia, el derecho y la misericordia: Don Felipe Arizmendi Esquivel y su Auxiliar Don Enrique Díaz Diaz, que defendieron el proceso diaconal contra ciertas dudas y temores de la Curia Romana. En estos momentos dirigen la Diócesis, Don Rodrigo Aguilar Martínez y el Auxiliar, Don Luis Manuel López Alfaro, que, quienes no cesan de promover por los medios a su alcance la paz y la defensa de los oprimidos y desalojados por los grupos criminales.
Leía esta mañana y meditaba en silencio y en voz alta también, las palabras de Pablo Apóstol a la comunidad de Corintio: “Sean imitadores míos como yo lo soy de Cristo”. Sea Cristo para ustedes y para mí modelo, camino, verdad y vida en estas cuestiones de discriminación, exclusión… Buenas Noches lectoras y lectores (1 Cor 10,31 y 11,1).
Fray Pablo o.p., 11 de febrero 2024.